Regresar al útero para sanar. Trabajo terapéutico con hipnosis por Berta Pérez Gutiérrez

septiembre 30, 2013

Igual que los niños  se tapan los ojos y dicen que no están, los adultos vivimos inmersos en el culto a la ciencia y creemos que sólo existe lo que vemos. Sobre esta base se han construido nuestros fundamentos para comprender al ser humano, y cuando queremos reparar los traumas acudimos a la infancia para encontrar el origen del daño. Pero, ¿acaso nuestra vida comienza después de nacer?
      Ahora los científicos dicen que no. Creemos en lo que vemos, y actualmente podemos asomarnos al mundo uterino, por lo que ya sabemos que el bebé en gestación tiene memoria y capacidad de aprendizaje. Sabemos que es sensorialmente sensible y que  percibe las emociones que experimenta su madre. Recibe señales de su entorno y responde adecuándose a él. Es decir,  antes de nacer ya hemos interiorizado determinadas conductas.
Y todos estos avances son recogidos por  la Neurociencia y la Psicología Pre y Perinatal. Y en distintos puntos del planeta surgen profesionales aportando experiencias a través de trabajo terapéutico con hipnosis en las que pacientes adultos recuperan con nitidez vivencias experimentadas durante su propia  gestación y nacimiento.
             Esto supone toda una revolución en el campo de la terapia, ya que nos pone encima de la mesa que la raíz de muchos bloqueos no está en la infancia sino que comienzan desde la concepción. Y esto plantea dos temas importantísimos: 1. necesitamos nuevas herramientas para abordar esta nueva y más completa percepción de nuestra biografía; 2. la prevención ha de orientarse al trabajo con mujeres embarazadas.
¿Cómo vivimos nuestro paso por el útero materno?
Para responder  a esta pregunta es necesario comprender cómo percibe y codifica sus experiencias el bebé in utero. Ahora ya sabemos que algunos circuitos neuronales están suficientemente maduros muy pronto, y que el cerebro del feto fluctúa en una pulsación de 4 a 8 ciclos por segundo (banda theta). Esa frecuencia está asociada al  hemisferio derecho, al universo límbico, irracional, analógico, emocional. Un cosmos en el que el tiempo no existe, todo sucede en un continuo aquí y ahora.
            Las vivencias emocionales del bebé intrauterino se construyen a partir del cruce de dos variables: 1. las emociones experimentadas por la madre durante la gestación; 2. la sensibilidad propia del bebé. No se trata tanto de los hechos objetivos, sino de las vivencias particulares. Por ejemplo, una mujer se queda sin trabajo mientras está embarazada. Si recibe la noticia con alegría porque esto le permitirá descansar y finalizar la gestación sin estrés, el feto recibirá su alivio,  aunque objetivamente se trate de una mala noticia. Del mismo modo, algunos bebés son especialmente sensibles a la rabia de mamá, mientras que a otros les daña más la tristeza de ésta.
Cuando el feto vive una experiencia con una carga de intensidad alta, esto deja una capa de sedimento emocional. Si ese mismo feto o bebé recibe impactos simlares, añade capas a esta “bolsa” de sedimentos. Lo que habitualmente hemos considerado como traumas básicos en la infancia no son más que repeticiones, analogías que por proximidad a la bolsa de sedimentos emocionales se convierten en una torreta derramando petróleo por todas partes. Pero el crudo ya estaba  ahí desde hace tiempo, el trauma básico de la infancia simplemente lo desentierra.
Nuevas herramientas de trabajo terapéutico.
Lapregunta ahora es cómo acceder a todo ese material inconsciente que forma parte de nuestra memoria implícita y que, al no estar codificada como “recuerdos”, resulta más difícil de recuperar.   Las experiencias fetales quedan grabadas de forma arquetípica, onírica, y ese lenguaje ha de ser desencriptado.
La hipnosis no es más que una bajada de ritmos cerebrales a bandas de frecuencia más baja. Un adulto en vigilia fluctúa entre los 33 y los 14 ciclos por segundo (banda beta). Es el ritmo del pensamiento racional, del lenguaje, de lo digital y, en definitiva,  del hemisferio cerebral izquierdo. Entre 14 y 8 ciclos por segundo tenemos la banda alfa, que corresponde al estado de relajación, y con la que se trabaja en Sofrología. Entre 8 y 4 ciclos por segundo está la banda theta, en la que se centró Ericksson  por tratarse de un estado de relajación profunda sin pérdida de conciencia. Si no olvidamos que es el estado perceptivo natural en el bebé intrauterino, y que en esta frecuencia cerebral todo ocurre en un continuo presente, trabajar en theta permite acceder a las vivencias uterinas con una facilidad sorprendente.
Aún así, la hipnosis ercksoniana no ha dirigido su atención a las etapas prenatales. Han sido otros profesionales y otros enfoques los que han utilizado la hipnosis como herramienta para recuperar las vivencias uterinas.
Algunas líneas de trabajo terapéutico con hipnosis.
La doctora Claude Imbert trabaja actualmente en Francia utilizando la Sofrología (banda alfa) como medio para recuperar las vivencias uterinas. El psicólogo estadounidense David Chamberlain utiliza la hipnosis (banda theta) para facilitar a sus pacientes la comprensión de sus primeras experiencias en el vientre de su madre. Ha publicado numerosas investigaciones al respecto y fue uno de los fundadores de la Asociación Americana de Psicología Pre y Perinatal en 1983.
 Pero vamos a destacar de forma especial el enfoque del terapeuta español Joaquín Grau, que comenzó sus investigaciones en 1962 y en la década de los 80 estructuró toda una metodología de trabajo en este sentido llamada Anatheoresis. En mi experiencia como paciente y como terapeuta de Anatheoresis he descubierto que este enfoque presenta valiosas aportaciones. Una es la sencillez de la técnica para bajar los ritmos cerebrales hasta llegar a la banda theta.  Del mismo modo, el trabajo en theta permite al paciente ser consciente en todo momento de las vivencias que recupera y le facilita comprender el origen de los daños emocionales más profundos.  
En realidad es el trabajo que ya conocemos: tomar conciencia, expresar/descargar la emoción y reparar el daño. Simplemente cambian los mapas en los que situamos la raíz de los bloqueos. Teniendo en cuenta las últimas investigaciones  sobre nuestro crecimiento y evolución, parece que estos mapas son más completos y nos permiten realizar un trabajo más profundo y transformador.
¿La prevención es posible?
       Quiero pensar que los profesionales de la salud (entre los que incluyo a los terapeutas) caminamos hacia  un enfoque preventivo, hacia una sociedad más sana, más despierta y menos herida. Para ello, y a la luz de todo lo mencionado, parece obvio el abordaje de una gestación y un nacimiento más conscientes: la prevención está orientada a  trabajar durante el embarazo.
No es el momento de reparar los daños sufridos por esa mujer en su propia gestación y nacimiento. Cuando trabajamos con una embarazada  la terapia está enfocada a proporcionar al bebé un entorno uterino y perinatal física y emocionalmente saludable para prevenir la formación de bloqueos  primales  significativos.
Una vez más, hemos de repetir que lo importante no son los hechos objetivos, sino la gestión emocional de lo que ocurre. Por ejemplo, una mujer que pierde a un ser querido mientras está embarazada inevitablemente vivirá intensos y dolorosos sentimientos. En la medida en que sea consciente de lo que le ocurre y pueda establecer una vía de comunicación congruente con su bebé en gestación, esté no será afectado negativamente por esas emociones. Durante el embarazo, la construcción de un vínculo sólido y un diálogo honesto son la mejor garantía para proporcionar al bebé un entorno sano para su desarrollo.
Aunque el parto es una transición fundamental, en realidad no puede concebirse separado de la gestación, sino como una continuación de la misma. En palabras de Joaquín Grau, “un útero hostil (enfermedad de la madre, hijo no deseado, peligro de aborto y otras muchas emociones tóxicas) son origen de un mal tránsito vaginal y de un difícil nacimiento”. Para quien desee profundizar más en el tema del parto,  su relevancia particular fue descrita en el artículo “Nacimiento y neurosis”.
 Sólo apuntar que el nacimiento es ya la primera repetición de los traumas uterinos. Puede fijar de forma profunda daños prenatales o puede abrir nuevas “bolsas” de sedimentos emocionales traumáticos. Requiere una dedicación específica (también en theta) de preparación al parto en el trabajo preventivo con mujeres embarazadas.
            Conclusiones.
Como dice la Teoría del Caos, si conocemos las condiciones iniciales podemos predecir/comprender todo el desarrollo posterior. Tal vez la clave está en el punto en que situamos el comienzo. Si nos limitamos al más puro aquí y ahora (es decir, sin tener en cuenta teorías reencarnacionistas),  nuestra vida empieza en la concepción. Pondría mucha luz para la comprensión de nuestra biografía sumar nueve meses cuando nos preguntan nuestra edad.
 Hay mucho trabajo por hacer. Porque todos estos descubrimientos son muy recientes y casi todos estamos profundamente heridos. Porque consideramos la maternidad como un asunto de mujeres sin comprender que el vientre materno es el origen de nuestra vida presente, pasada  y futura, como individuos y como sociedad. Porque esa falta de conciencia nos hace pasar por alto la importancia de acompañar a las gestantes y de proporcionarles todo el apoyo y bienestar que necesiten.
 La buena noticia es que, como un inteligente delfín, el niño pez se ha comunicado a través del agua y hemos recogido su mensaje. En el continuo presente de theta no hay pasado ni futuro: podemos reparar, podemos prevenir.

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