Las monedas de nuestros padres Entrevista a Joan Garriga por Judit Aris

diciembre 14, 2015

1.- ¿En qué consiste la metáfora de las monedas de nuestros padres?

Las monedas de nuestros padres representan el abundante conjunto de experiencias, tanto agradables como desagradables, alegres o tristes, afortunadas o desgraciadas, que hemos tenido con nuestros padres. Todas, sin excepción. La concepción, el nacimiento, la infancia, la adolescencia, etc. Todo lo que, como hijos hemos vivido en relación a nuestros padres en todos los periodos de nuestra vida pero muy especialmente en la crianza justo cuando éramos dependientes. Las monedas simbolizan por tanto todo lo que hemos recibido de ellos, y por supuesto el regalo más grande que es la vida. Además podemos añadir su pasado y su historia, eso es, sucesos y vivencias anteriores a nuestro nacimiento o concepción, ya que habitualmente antes de nacer, pertenecemos al deseo y al pensamiento de nuestros padres; y también, en un sentido transgeneracional, por nuestras venas corre la sangre y la experiencia de muchos anteriores, concretados en las respectivas familias de origen de los padres con todas las vicisitudes que les toco. Cada familia es una matriz de fuerza y también de dolor, visitada por los grandes poderes del vivir, especialmente la sexualidad y la muerte. En resumen, las monedas son todo lo recibido en nuestras raíces y en nuestra pertenencia, y todo lo vivido en lo concreto de la vida con nuestros padres.

2. ¿Qué perdemos o conseguimos al rechazar o tomar las monedas?

Entre las vivencias que tenemos con nuestros padres se encuentran las dulces que nos hacen sonreír y sentirnos bien, y las amargas que nos duelen y nos contraen. Las primeras parecería que nos impulsan a la vida y las segundas parecería que nos entorpecen. La tentación para muchos consiste en querer tomar sólo lo positivo y expulsar lo negativo, y esto tiene una lógica aplastante: queremos alejar de nosotros aquello que nos ha producido, o produce, dolor. Así, algunos rechazan a los padres y lo que viene de ellos. Sin embargo, lo que vemos en la lógica emocional de los afectos es que funciona de otra manera, un tanto paradójica, e independiente de la voluntad: el rechazo nos ata con más fuerza a lo que rechazamos o a aquellos que rechazamos. Muchos que no toman sus monedas y permanecen en la queja o el resentimiento, luego de mayores se comportan como sus padres o reproducen comportamientos dañinos iguales a los recibidos. Lo que verdaderamente ayuda es realizar el proceso de aceptar también lo que fue difícil, y con ello quizás hacernos más fuertes o más sabios. Es decir, también lo que parece negativo está al servicio de la vida y podemos aprovecharlo a nuestro favor. También lo doloroso nos puede hacer más plenamente humanos. Por ejemplo, algunas personas que sufrieron graves pérdidas o traumas con sus padres se sobreponen bien y construyen una vida con alegría y mucho sentido. A la inversa, hay personas que, amparándose en pequeñas frustraciones con sus padres, o también en graves sufrimientos, se creen con derecho a tener una vida penitencial, y culpan a sus padres para justificar sus errores o sus fracasos. Debemos saber que nada nos impide desarrollarnos bien, y que del pasado conservamos meramente las cenizas en forma de imágenes mentales recordadas… y que podemos transformarlas y ponernos en paz con lo que fue, con lo que recordamos de ello, al menos. Y abrirnos al presente… el lugar y el tiempo del verdadero fuego del vivir.

En general, las personas que realizan el proceso interior de tomar sus monedas y ponerse en paz con sus padres y con su historia, se sienten mejor en su piel, establecen relaciones más fáciles, adultas y fluidas, y aportan a la vida lo que tienen. Las personas que rechazan sus monedas se sienten más vacías y andan esperando que otros, o alguna cosa, los llene, a veces la pareja, o los hijos, o el trabajo, o la riqueza, o la justicia, etc… y se resisten a dar lo que tienen para darle a la vida. Muchas son las zanahorias que perseguimos de manera falaz cuando la solución es apearse del burro y cambiar nuestro punto de vista, dejando así de sufrir y hacer sufrir inútilmente.


3.- ¿Qué sucede cuando no aceptamos a nuestros padres y lo que nos han dado?

En general, nos debilitamos, y como decía, buscamos en los demás lo que nos falta. En cierto modo permanecemos como niños tiránicos que decimos a la vida y a nuestros padres como debería ser, en lugar de aprender de lo que es y tomarlos como son o fueron. La realidad está por supuesto para ser modificada y mejorada, y así lo hacemos todos los días: tratamos de cambiar lo que se puede cambiar. Pero, de lo que ya fue, mejor hacernos discípulos y tratar de aprender algo que nos sirva. Cuando no aceptamos la realidad de lo que nos ha tocado, en cierto modo, también  nos negamos a nosotros mismos. Quién niega sus orígenes desdibuja su identidad. Sartre decía “no importa tanto lo que me han hecho sino lo que yo hago con lo que me han hecho”. Al final, es mejor y más útil que la responsabilidad esté en nuestro tejado y trabajar con nuestra historia para convertirla en aliada, abriéndole nuestro corazón a pesar de las heridas, o justamente abriéndonos a ellas. Podemos trascender sólo lo que aceptamos.


4.- A veces, buscamos en otros (amigos, pareja, hijos) aquello que no hemos logrado integrar en el seno familiar, especialmente carencias afectivas. ¿Qué solución nos propone?

Bueno, la solución es muy simple. Si sabemos que buscamos en el lugar inadecuado y que esto nos mantiene insatisfechos quizás podemos rectificar y, al fin, buscar en el lugar adecuado, que siempre es con los padres y con la integración de nuestra historia personal y aprender a apreciarla por dolorosa que fuera. En la práctica, las dinámicas familiares y afectivas son muy complejas y sutiles… y a menudo, una crisis, separación, problema con los hijos, etc. suele ser una oportunidad para traer a flote y revisar lo que se necesita recolocar con los padres o con la familia de origen, y con los asuntos pendientes con ellos. Cuando nos falla el camino con el que pretendíamos llenarnos, cuando nos devasta una crisis… quizá se abre una oportunidad, especialmente, si somos capaces de permanecer en nuestra fragilidad. Como todas las demás personas los padres son más reales que perfectos y es suficiente que así sea… Quién exige perfección se queda sólo, ni siquiera se tiene a sí mismo, porque también es imperfecto. La perfección pertenece a nuestras imágenes mentales pero no a la realidad. Lo que me parece que ayuda no es muy popular, pero ayuda, y consiste en estar de acuerdo en el dolor que uno siente y en estar de acuerdo en el corazón que las cosas son como son… y abrirse emocionalmente a ello. La mayoría de las personas aman profundamente a sus padres y cuando dejan de cerrarse con sus argumentos defensivos y reabren su corazón y atraviesan el dolor les vuelve el amor y la ternura para ellos. También descubren que los padres también fueron niños algún día y que también su corazón fue frágil y aprendió a defenderse, que también ellos vivieron sus carencias y pesares. Si sólo pudiéramos aceptar el dolor al igual que otras experiencias en la vida, estaríamos más cerca del amor y de la aceptación, que es lo que hace sentir plenas a las personas. Probablemente el infierno no consiste en no ser queridos sino más bien en que nosotros ya no queremos.

Al fin, lo que ayuda es que cada uno esté en el lugar que le corresponde en la cadena de la vida, y que cada uno tome de sus anteriores la fuerza y la antorcha vital, en lugar de pretender encontrarla en los posteriores o en los espejismos más habituales de la vida: la riqueza, el poder o el afán de notoriedad.

5.- ¿Qué ejercicio o pensamientos recomienda para tomar consciencia sobre las monedas que no hemos tomado?

Se puede reconocer lo que no hemos tomado de nuestros padres a través de estas, más o menos seis o siete, imágenes dolorosas de nuestra infancia, que una y otra vez, están presentes en nuestros pensamientos, tensándonos y haciéndonos sentir de nuevo indefensos, o rabiosos, o apenados, o abandonados, o lo que fuera, etc. Muchas personas conservan imágenes muy vividas de sucesos difíciles y, en cambio, han olvidado centenares de momentos en los que fueron considerados, cuidados, alimentados, queridos, tomados en brazos, etc. En general, creo que está en horas bajas la cultura de que los padres causan el mal en los hijos, aunque esto no los exculpa cuando tienen comportamientos destructivos. Si miramos la vida cotidiana de los padres vemos la cantidad de dedicación u ocupaciones que requiere criar a un hijo. Por lo demás, lo más común es que los padres deseen espontáneamente que los  hijos estén felices. Ciertamente lo primero es tomar conciencia de lo que rechazamos para investigarlo a fondo en nuestro interior y hacer espacio a todos los componentes emocionales que sobrevengan.


6.- ¿Cómo aceptar a nuestros padres para ser libres?

A través de la humildad, y amparados en un deseo verdaderamente real de ser libres y  felices. La plena libertad la tememos más que la deseamos, porque nos deja desnudos frente a nuestras hondas verdades y responsables de nuestra vida. Se acabaron las excusas y las acusaciones. Lo mismo ocurre con la felicidad: es más cómodo buscarla que vivirla ahora. Muchas personas prefieren sufrir y reclamar que actuar y tomar su vida en sus manos. Por lo demás la pretensión de no aceptar a los padres es esto, pretensión. Porque ¿quiénes somos nosotros para no aceptar algo que la vida ha determinado? La vida impone su realidad y nosotros, a lo sumo, podemos desgallitarnos en balde gritando que debería de haber sido diferente, pero así solo perdemos nuestra energía. Hay una máxima de ciertas tradiciones de sabiduría que vendría a decir: “asentimiento es liberación”. Al revés: “oposición es sufrimiento”. Aprendemos que tomar a nuestros padres y honrarlos tal como son tiene consecuencias: la principal es que  nos comprometemos con la vida que tenemos. En el fondo honrar a los padres significa hacer algo bueno con la vida que nos han dado, y traspasar nuestros dones y talentos. Algunas personas prefieren no tomar a sus padres para ahorrarse el trabajo de tomar en serio su vida y prefieren sufrir y, con ello, hacer sufrir a los demás. He repetido, a menudo, que el sentido de la mayor parte del sufrimiento es hacer sufrir a los demás, porque lo que vemos habitualmente es que el sufrimiento exige algo de los demás, es manipulativo. Me refiero al sufrimiento como posición en la vida: víctima, quejoso, perseguidor, etc. no al sufrimiento real que experimentamos con los reveses dolorosos o las pérdidas. Muchas veces aceptar a los padres se logra a través de la rendición que nos llega al comprender que también ellos tuvieron problemas y sobre todo, que lo que vivimos, fue exactamente lo que necesitábamos para edificar la vida que tenemos. En este modo nos ponemos en paz con nosotros y con nuestra historia.


7.- Para aceptarles, muchas personas deben superar el desamor recibido durante años o toda la vida e, incluso, el daño físico y psicológico. ¿Cómo podemos ver ese dolor infligido como una aportación en nuestro camino de crecimiento personal?

Hay una frase que yo aprecio mucho que dice “la desdicha abre al alma a una luz que la prosperidad le niega”. Por supuesto que no buscaremos voluntariamente ninguna desdicha, pero debemos saber que podemos tomar las dificultades como oportunidades. Cuántas personas no sintieron que una enfermedad les despertaba y les ponía en sintonía con horizontes de sabiduría desconocidos. El sufrimiento asumido convierte a las personas en más reales. Es cierto que algunas personas se criaron con padres peligrosos, terribles, y es natural que deban apartarse de ellos para sobrevivir y poder desarrollarse, pero en su vivencia interna pueden llegar a aceptar su destino doloroso y esto es un viaje, a veces, heroico. En cambio ¿Qué valor tienen las personas que se quejan y se lamentan todo el tiempo de sus padres…? Las personas prudentes se apartan de ellos, porque saben que serán los próximos en fallarles. Las personas necesitamos confirmar nuestras hipótesis vitales y las personas que se ponen el disfraz de víctimas, por ejemplo, necesitan confirmarlo, generando relaciones y haciendo que les fallen, para poder seguir quejándose. En fin… es el gran teatro de las pasiones humanas.

Lo que nos hermana esencialmente con todos los demás, es el amor y también el dolor. Victor Hugo recomendaba que estuviéramos tristes, por lo menos un día al año, para sentir el aroma de nuestra humanidad.

Lo que hay que decir también es que la mayoría de los padres quieren a sus hijos aunque, en ocasiones, no puedan, debido a su propio dolor, expresarlo y vivirlo de manera que el hijo se sienta bien. Ojalá estos hijos puedan desarrollarse bien y de esta manera regalar algo bueno a la propia historia familiar.


8.- Hay padres que esperan que sus hijos cubran sus carencias y ejercen un chantaje emocional inconsciente sobre ellos. ¿Cómo pueden esos hijos independizarse y liberarse de ese lazo insano?

A veces los padres buscan en los hijos lo que no tomaron de sus padres o de sus parejas y esto es un peso notable para los hijos. Algunos de ellos lo asumen por amor a los padres y sacrifican su vida. Otros encuentran oportunidades. Hay que saber que en el fondo los hijos aman ciegamente a sus padres y a su familia y se implican con lo que el sistema y los padres requieren a través de sus cargas y sufrimientos. Esto no ayuda a nadie por supuesto. El amor ciego trae mucha enfermedad. Ojalá se cumpliera el Orden que ordena las relaciones humanas en las familias para que las personas sean más dichosas: el de que todos forman parte en igual medida y el de que los posteriores no cargan con asuntos de los anteriores. Ahora bien ¿Cómo un hijo puede desentenderse cuando ve triste o infeliz a la madre o al padre, o no confía en que estén bien sostenidos en la vida? Es difícil. Lo que ayuda es que el hijo pueda aclarar los enredos y respetar el destino de los padres y saber que no le corresponde tener las monedas que a los padres le faltan, ni ser padre o madre de sus padres, ni responsable de la felicidad o la vida de los padres, etc. Además, es extraño, pero cuando un hijo sale del lugar de apoyo de uno de los padres por ejemplo, se quiebra un equilibrio, y este padre tiene una nueva oportunidad de encontrar lo que le falta o resolver lo que no está resuelto. A veces los padres perdieron muy pronto a sus padres o tienen penas no aclaradas. Todo esto tiene que quedar con ellos y así se les respeta y se les toma tal como son, incluidas sus dificultades.


9.- ¿De qué forma podemos amarnos a nosotros mismos para amar, así, a nuestros padres?

En lo profundo es difícil un genuino amor hacia nosotros mismos si al mismo tiempo no hemos hecho el proceso de quererlos y respetarlos a ellos. En lo más profundo hay una extraña y oculta lealtad hacia los padres de manera que el hijo los interioriza, aunque no quiera. Se puede hacer más libre de ellos a través de su aceptación. Ama y sé libre. Y podemos amarnos a nosotros mismo tal como somos, imperfectos, y no tal como deberíamos ser en nuestras imágenes ideales, que por otra parte pueden quizás guiarnos para bien en nuestra vida. Es decir, fabricamos imágenes buenas de cómo nos gustaría vivir para atraer la posibilidad de que ocurra, asumiendo por otro lado nuestras limitaciones y posibilidades. 


10.- ¿Cómo evitar que se repitan patrones de conducta (desamor, malos tratos, etcétera) en las siguientes generaciones?

La respuesta parecerá extraña pero lo que ayuda profundamente a dejar patrones nefastos atrás consiste en lograr apreciar y dignificar a los que fueron “malos” o se comportaron “mal” o tuvieron destinos desgraciados, etc. Aunque la tendencia de la mente lógica y racional sea seguir rechazándolos. El corazón y la salud funcionan de otra manera. Los sistemas familiares actúan como un todo, como una mente grupal, y tienden a atraer o repetir lo que ocurrió antes, especialmente cuando no fue resuelto a través del amor y la aceptación. Por ejemplo algunos hijos piensan que tienen que querer a uno de sus padres, al que catalogan de bueno, y que deben despreciar al otro al que tildan de malo. Es decir, escinden su corazón entre el bien y el mal y se ponen de juzgadores. Pero la paradoja es que es muy habitual que luego busquen personas parecidas al progenitor rechazado o ellos mismos se le parezcan. La paz y la dicha en las familias viene cuando todos pueden tener un buen lugar y cuando cada uno puede tener el lugar que le corresponde, o sea, que los padres sean padres, los hijos, hijos, la pareja, pareja, etc. La única medicina es la inclusión y la apertura del corazón de manera que el pasado ya pueda quedar como pasado.


11.- Si diera clases en una escuela para padres, ¿cuáles serían las principales lecciones que ofrecería?

Lo cierto es que el título “escuela de padres” lo encuentro ofensivo y un poco degradante para los padres. Hay tantos padres detrás de cada padre, en su historia familiar, y ellos supieron como hacer para que la vida prosperara… Ellos son los maestros verdaderos, y también la capacidad de todos los padres para encontrar su propio camino en la manera de sentir y querer a sus hijos. Los padres tienen los recursos suficientes y necesarios para criar y educar a sus hijos. ¿No es cierto que cuando pretendemos escolarizar a los padres los convertimos en más pequeños y los invalidamos más que los hacemos confiados y grandes? Cada padre encuentra su grandeza cuando es respetado como tal y también cuando siente el derecho a no ser perfecto y a cometer errores… Me parece que pretendemos regular demasiado, exigimos demasiados manuales de instrucciones, demasiados cursillos. Ser padre y madre, es en primer lugar algo biológico… es el vehículo de la sexualidad y el instinto… y quizá del amor en muchos casos.

Pero si enseñaría, y enseño, sobre dinámicas familiares, sobre las leyes del bienestar en las familias, sobre resolución de problemas reales, sobre los órdenes del amor que hacen que las personas fertilicen sus vidas en bienestar y dicha, etc… cuando los padres u los hijos u las parejas u los enfermos o los que atraviesan dificultades lo solicitarán, y asumiendo que ellos seguirían siendo los maestros de su vida y yo trabajará a su servicio como uno que aprende todo el tiempo, poniendo mi conocimiento y experiencia a su disposición. De hecho es lo que hago en mi profesión, especialmente dando seminarios en los que las personas resuelven sus problemas y, al mismo tiempo, aprenden.


12.- ¿Cuál es el secreto de la felicidad?

Tonar con alegría lo que la vida nos trae y soltarlo con la misma alegría cuando nos lo quita. Por un lado tratar de conseguir nuestros sueños y por el otro aceptando lo que la vida sueña y actúa para nosotros. Por lo demás entregados lo más posible a cada instante que la vida nos regala, ya que mientras perseguimos la felicidad, ella, la pobre, corre sudorosa para alcanzarlos, porque es nuestro estado natural cuando no estamos distraídos buscándola.


13.- ¿Y el sentido de la vida?

Vivirla, y dar lo que tenemos para dar, recibir lo que tenemos para recibir y hacer lo que tenemos que hacer. Por lo demás ya dijo John Lennon que el sentido de la vida es aquello que ocurre mientras estamos ocupados pensando en ello. El sentido de la vida es estar en lo que es. Las grandes respuestas sobre el sentido que vienen del pensamiento y del análisis más racional nos apartan del olor de la rosa ahora. Por otro no importa tanto qué sentido tiene la vida para mí, sino que sentido tengo yo para la vida. Es decir, cuál es nuestra aportación a la belleza de al vida.


14.- ¿Algún consejo especial para nuestros lectores?

Que vivan sostenidos en sus propios pies, en sus propios padres y en sus raíces familiares, y que conviertan las monedas que recibieron de sus anteriores, muchas o pocas, alegres o tristes, en riqueza para sus vidas y para las vidas de quienes les rodean. Por lo demás que vivan confiados en la gran inteligencia que gobierna las cosas, en la fuerza del espíritu que todo lo alcanza y que a todos nos iguala como hermanos, y que no olviden que más allá de los pesares y temores de las pasiones humanas brilla el latido de la vida siempre alegre y bullicioso por nada.



RECUADRO

Existe una fuerza intensa, ciega e impetuosa que es falsa en cuanto que nos concede la oposición a las cosas, el resentimiento hacia las personas y el victimismo ante los hechos vividos. Es una fuerza que nos hace creer que nos deben compensar nuestras carencias y que, por nuestro sufrimiento, somos merecedores de ciertos derechos. Es una fuerza falsa porque no procede de la realidad, sino de la oposición y negación de ésta.
Cualquier sufrimiento se sostiene sobre buenas razones y viene envuelto con brillantes argumentos. Esto lo hace más vendible, más justificable. Sin embargo, el único sentido del sufrimiento, que no es dolor, es hacer sufrir a los demás.
Para los hijos no es tan bueno tener un vínculo especial con los padres. Les basta con un vínculo normal de hijos, sentirse cuidados, queridos, pertenecientes y libres. Nada más.
Un hijo especial se distingue porque, de manera inconsciente, su padre o madre está convencido de que el hijo tiene las monedas que necesita. Entonces se relaciona con este hijo de una manera especial, estrecha, llena de expectativas y anhelos.
Una versión clásica y común del enamoramiento consiste en esperar que el otro tenga aquello que uno no tomó de los padres y nos lo dé. Pero el otro sólo puede dar aquello que tiene y le corresponde por su posición, aún queriéndolo dar todo y amando plenamente.
En las profundidades del alma, aunque el hijo rechace a sus padres, también se identifica con ellos. Y, cuando no puede tomarlos y quererlos, tampoco logra quererse a sí mismo.
El trabajo de Constelaciones Familiares permite desenredar, en tiempo breve, complicados problemas e implicaciones, y encontrar alivio y soluciones creativas para problemas difíciles. En general trata de que el buen amor fluya para todos los miembros de una familia y que se restablezca la paz entre hijos y padres y se encuentre la dicha en la pareja. En general muestra las leyes que gobiernan nuestras relaciones y cómo hacerlas provechosas, dejando atrás lealtades o implicaciones que limitan y permitiéndose la realización personal y profesional.


Joan Garriga 

Entrevista por Judit Aris. Para Psicología Práctica. Setiembre 08. 


Aquí puedes leer el cuento ¿Dónde Estan Las Monedas? Joan Garriga Bacardí (Edit. RIGDEN INSTITUT GESTALT)


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