La verdadera estimulación temprana para nuestros hijos e hijas

octubre 05, 2016



Hoy en día, es común la preocupación de muchos papás y mamás acerca de la estimulación temprana (E.T.), de cómo pueden estimular a sus hijos e hijas para que logren tal o cual hito del desarrollo motriz y/o cognitivo, lo hagan a tiempo, o incluso antes de tiempo. Muchos lugares ofrecen “estimulación temprana” para bebés desde muy pequeñitos, argumentando que es algo necesario, o al menos recomendable, haciendo un uso “marketinero” del término.


La estimulación temprana en estricto rigor está orientada a bebés / niños pequeños que han tenido o tienen alguna dificultad en su desarrollo, bebés prematuros, con retraso motor, discapacidad intelectual o motriz, o con algún diagnóstico que amerite el hecho de evaluar a ese pequeño y realizar un abordaje de E.T. desde un lugar terapéutico, es decir, por un equipo interdisciplinario especialista en el área.

Siendo un poco más específica, la E.T. es un grupo de técnicas para el desarrollo de las capacidades y habilidades de los niños en la primera infancia. Es el grupo de técnicas educativas especiales empleadas en niños entre el nacimiento y los seis años de vida para tratar trastornos reales o potenciales en su desarrollo, y/o para estimular capacidades compensatorias. Las intervenciones contemplan al niño globalmente y se desarrollan teniendo en cuenta tanto al individuo como a la familia y el entorno social que lo rodea.

Como mamá me encuentro constantemente con otras mamás y papás a quienes les preocupa mucho este tema, y que para tal fin, adquieren (o les regalan) muchísimos “dispositivos” que prometen estimular a su bebé y el resultado, es que los pequeños pasan muchas horas de su día arriba de: un andador, un centro de actividades, sillita de comer, cochecito, arriba de la cama rodeado de almohadones, corralito, la pack and play, cuna, moisés, huevito, etc, etc., desconociendo que con eso están limitando su movimiento, no ayudándole a descubrir que puede hacer con su cuerpo, si no que todo lo contrario.

Como Psicopedagoga especialista en estimulación temprana y crianza, adhiero a los postulados de Emmi Pikler (pediatra austriaca), quien asegura que el niño que en su primera infancia, vive en buenas condiciones afectivas y en un entorno seguro, posee un dinamismo tal que le permite desarrollar por sí mismo sus capacidades motrices e intelectuales. El bebé no sólo es activo, sino que tiene la capacidad de descubrir y de crecer por sí mismo. Esto quiere decir que existe un dinamismo interno que induce el crecimiento intelectual y motor, así como hay un dinamismo biológico que induce el crecimiento físico.

El método propuesto por Emmi Pikler; descrito en su libro “Moverse en libertad” (1969) en el que expone resultados de experiencias de desarrollo motor infantil, fue catalogado como “Teoría del desarrollo motor autónomo”. En su método predomina la libertad de movimiento frente a las restricciones e intervencionismo del adulto para que el desarrollo motor del niño se lleve de forma espontánea. La propuesta es que los adultos no obstaculicen ni provoquen la motricidad de los niños, pero si aseguren las condiciones materiales para que la motricidad se desarrolle sin dificultad.


Las condiciones que garantizan la libertad de movimiento son:

Un buen estado de salud
Los espacios y superficies adecuadas
Garantizar seguridad
La relación afectiva positiva
De esta forma se busca hacer consciente al niño de sí mismo y de su entorno, a través del respeto y promoción de la iniciativa de éste en su vida cotidiana. Por otro lado, el niño desarrolla mucho mejor sus capacidades si puede disfrutar de la iniciativa de sus actividades y movimientos y puede experimentar con diversos objetos dispuestos con ese fin.

Con respecto a esto, la psicóloga francesa Chantal de Truchis – Leneveu nos afirma que los bebés que gozan de esta mayor libertad de movimiento y de actividad sorprenden por la gran variedad de iniciativas y de experiencias que desarrollan por sí mismos y por el entusiasmo y placer que muestran al realizarlos. Se comprueba la calidad y armonía de sus adquisiciones, su seguridad interior, su asombrosa confianza en sí mismo y en los adultos y su oposición a la dependencia.

En resumen, la libertad de movimiento se define como la posibilidad, disponiendo de condiciones materiales adecuadas, y sobre la base del equilibrio emocional y la seguridad, de descubrir, experimentar, perfeccionar y vivir en cada fase de su desarrollo, sus propias posturas y movimientos sin intervención directa del adulto, es decir, sin sentarlo cuando no lo ha logrado por sí mismo, sin hacerlo rolar cuando no lo ha conseguido por sus propios medios, no pararlo antes de que él o ella pueda sostenerse solo(a), etc, respetando el ritmo individual de las adquisiciones motoras sin ponerlo en una postura que no pueda controlar.

Como es posible ver a través de estos postulados, no es necesario “estimular” de forma directa a un bebé ni preocuparse porque a tal edad no ha gateado y por eso, es necesario de forma urgente hacerle ejercicios o llevarlos a una clase de estimulación temprana para que lo consiga, si no que basta con confiar en nuestros hijos, posibilitarles un espacio seguro, amplio, con objetos de su interés, brindarles el cuidado y la contención emocional que necesitan y dejarlos moverse en libertad, explorar y descubrir las posibilidades que su cuerpo les brinda. A su vez, es importante poder identificar, cuando existe una real necesidad de estimulación temprana y brindarla a tiempo.

María José Naranjo

Psicopedagoga, especialista en estimulación temprana y crianza

Directora de Mundo Naranja

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