Educando a través de los sentidos

enero 30, 2017




Reconocimientos de los Sentidos. Su desarrollo a través de la Educación.

El ser humano a lo largo de su desarrollo necesita:

1.- Aprender a conocer el mundo para desenvolvernos.

2.- Conocernos a nosotros mismos.

El niño nace, no sólo con sentidos, sino con movimiento (imaginen 2 esqueletos: de un niño que no camina y que tiene las piernas arqueadas por el peso de la gravedad.  El otro tiene las piernas derechas porque ya está erguido)

El arco del pie se forma cuando se aprende a caminar y va en contra de la fuerza de gravedad.

Dependemos de nuestro cuerpo.  Todos los órganos se forman en concordancia con el movimiento.

Cuando el niño escucha hablar, copia con la laringe y todo el cuerpo vibra y se mueve.

Hasta el ojo es un órgano del movimiento.

Así, somos seres con sentidos y en movimiento.

Un niño que mira 4 o 5 horas diarias de televisión, al cumplir los 15 años ha visto 16 mil horas de televisión, es decir pasó 2 años completos de su vida frente al televisor.

El primer septenio se puede dividir en 3 períodos:

0 – 3 años                                         3 a 5 años                                  5 a 7 años

ACTIVIDAD PURA                         FANTASIA                     REPRESENTACION

Voluntad                           capacidad anímica              actividad del pensar

De la fuerza creadora

Debemos notar que  la capacidad de jugar está disminuyendo.

El juego es la manera más importante de expresarse en el niño.

Que es la pedagogía Waldorf en esta época? Jugar, jugar, jugar. Lo que para un adulto es trabajo con sentido, es para el niño el juego. SON PROCESOS ACTIVOS.

En el desarrollo del niño de 0 a 3 años podemos observar 2 gestos: los movimientos de brazos y manos están orientados hacia el adulto que está cerca.  El don de imitar está presente, por eso es importante la forma de comportarse de un adulto cerca de él y su actitud interior. Lo que el niño vivencia lo expresa en movimientos.3 a 5 años. Ya dice YO y es la etapa de la fantasía. ¿Que es la fantasía? Se alimenta de la percepción del mundo, cuando lo asimila anímicamente y lo interioriza, el niño crea algo nuevo. Esta es la fase en que juegan solos y hablan mucho.

5 a 7 años. La primera metamorfosis de la figura, todo el organismo infantil cambia por una transformación interior y cambia su forma de jugar. Ya no se puede acordar de la mitad de su vida, su juego puede desarrollarse día tras día, se forma representaciones de lo que juega y lo trata de hacer lo más cerca de la realidad.

Así se ha manifestado; el movimiento, la fantasía, el pensar.

Hasta aquí se han elaborado las tres capacidades humanas y nada nuevo vendrá después. La tarea de la pedagogía Waldorf es DESARROLLAR estas capacidades.

¿Por qué el mundo está fascinado por la televisión?

Existen dos clases de hambre: el hambre del cuerpo y el hambre de imágenes. Ambas existen desde que se creó el mundo.

La capacidad humana de la fantasía se podía desarrollar a través de escuchar los relatos o a través de la lectura.  El hombre debía elaborar imágenes para entender la lectura. Cinco mil palabras son necesarias en el vocabulario y con ellas se dibujan las imágenes más impresionantes. El antiguo Testamento las usa y también muchos libros antiguos.

El hambre de imágenes existe y a esta necesidad del hombre se dirige la televisión, pero, la capacidad de formar imágenes es un estorbo para ver televisión.  Allí no se necesita que el Yo elabore imágenes sino que la televisión las impone y así la individualidad desaparece, el elemento de uniformidad surge.

Tomemos en cuenta que el niño que ve televisión:

Pierde su capacidad de juego individual
Imita lo que ve en televisión
En los colegios disminuye el goce de leer.
Copian la manera de hablar de sus héroes.
El ser móvil dentro del niño se paraliza
Los ojos se vuelven estáticos. Ya no expresan mucho.
Influye negativamente en la fuerza de la voluntad.
Disminuye las fuerzas de fantasía y relaja la actividad del pensar
La agresividad que se observa en los niños tiene que ver con lo que se transmite en la televisión.
Los niños que ven televisión no aprenden a conocer el mundo, ven una imagen del mundo que ni siquiera es eso…520 mil puntos de luz que se prenden y apagan 50 veces  por segundo.  El ojo no puede seguir este movimiento y por eso CREAMOS una imagen.   Los niños están sin defensa frente a esta mentira.

Hitler decía: No tiene importancia decir la verdad, sólo importa repetir lo que se dice suficientes veces, entonces es considerado una verdad.

Así 16 mil horas frente al televisor llegan a formar la imagen del mundo en un joven de 15 años que ha visto 4 horas diarias de televisión.

Debemos empezar por cambiar algo en nosotros mismos.  Cambiar la relación con nuestros hijos. Jugar con ellos.  Contarles cuentos que apelen a sus sentidos.  Cuando son pequeños, los cuentos de hadas deben ser relatados para relacionar al niño con la verdad, la bondad y la belleza.  Que lo feo y malo llegue más tarde.  En los cuentos que terminan bien, el niño aprende a relacionarse con lo bueno.

El cultivo de las fuerzas de imaginación es de mayor importancia. En el mundo del niño es necesario plantear la cuestión de la cualidad:

Actividad; cultivo del sentido del movimiento y del tacto.

Sentidos que le ayudan a vivenciar activamente el mundo: agua – tierra – luz – aire son los elementos de la tierra y el niño debe aprender a conocerlos.

El niño necesita repeticiones, contarle un cuento que ya conoce, despierta un sentimiento de seguridad, cuando el conoce el mundo, no siente temor, se siente confiado a lo que venga después.

El niño exige la repetición y con las mismas palabras.

El elemento rítmico es importante también en el segundo septenio. Los procesos cósmicos orgánicos, biológicos son rítmicos; el niño está edificando su propio cuerpo. Cuando el niño vivencia el ritmo, recibe una ayuda para su desarrollo.

Muestra un cuadro del niño en su primer año de vida:

Recién nacido: se tranquiliza cuando lo mecemos en brazos.

1 mes: ríe ante una cara conocida.

2 meses: fija la mirada y sigue con la vista algo.

3 meses: sonríe a las personas.

6 meses: diferencia ruidos y caras.

Mes tras mes avanza y todas esas faces tienen en común que desde el primer día el niño está pendiente del contacto con el otro y lo busca.

Todo lo que tratamos de lograr en la Pedagogía Waldorf es que el Ser Humano encuentre al ser Humano y no aparatos.(imaginemos una muñeca de trapo y un muñeco de un personaje de ficción, la figura tiene cabeza pequeña semejante a un Faraón y el cuerpo muy musculoso con garras en vez de pies, explica):

Bueno – malo

Humano – animal

Angel  – diablo


Todo se conjuga en una sola figura y el niño vive con una imagen que lo desorienta. Es lo que ofrece la televisión DESORIENTACION.

Nuestra misión es recibir niños que se nos acercan con gratitud, debemos educarlos con amor y dejarlos libres para una vida independiente y autónoma. Rudolf Steiner.


La importancia de un sano desarrollo de los doce sentidos

Rudolf Steiner pasó muchos años estudiando cómo el mundo se transmite al hombre, cómo el hombre se abre al mundo.  Delimitó doce cualidades a las que denominó ¨sentidos¨ , puesto que, según su definición, un ¨sentido¨ es una facultad perceptiva a través de la cual, y sin valernos de nuestro intelecto, recibimos información inmediata de un determinado ámbito de nuestra existencia y entorno vital.

Distinguimos tres ámbitos de percepciones de índole diferente:

Un ámbito interno relacionado con lo corporal y emparentado con la voluntad, los ¨sentidos corporales o inferiores¨, donde lo percibido sucede por decir así dentro de nuestra piel, por eso también llamados ¨sentidos de la autopercepción¨ ;
Un ámbito de ¨sentidos anímicos¨, donde el hombre y el mundo de la naturaleza intercambian impresiones a nivel del sentir, y
Un tercer ámbito de percepciones, los ¨sentidos sociales o superiores¨, que se vuelcan hacia afuera para tomar contacto con el ¨otro¨, el entorno humano que nos rodea y del cual somos parte.
En el círculo  de estos 12 sentidos vibra nuestra vida anímica y se mueve nuestro Yo, del mismo modo como se ubica el sol en el círculo de las 12 constelaciones

1.- Sentidos inferiores: los sentidos volitivos

– sentido del tacto

– sentido vital

– sentido del movimiento

– sentido del equilibrio

El sentido del tacto

El sentido del tacto se extiende por toda la periferia de la piel.  No nos damos cuenta de su actividad mientras no nos llame la atención alguna textura desconocida o alguna piedra en el camino que nos ofrezca resistencia.  Este choque con el mundo despierta ante todo la conciencia de uno mismo, la sensación de: ¨aquí estoy yo¨ allí está el mundo¨.  ¡Nuestra vida se ve afectada constantemente por vivencias del tacto!. De recién nacidos aprendemos a palpar, percibimos con nuestras manos, con toda la superficie de nuestro cuerpo, una infinidad de texturas y de formas, tantas como tienen los incontables objetos que tocamos.  De  cada contacto con el exterior, el niño se forma una imagen y con el tiempo internaliza un concepto.

Existen tres aspectos en el acto de descubrir el mundo a través del tacto: la vivencia del límite (conciencia de los objetos), la resonancia (atención del alma), y una evidencia primigenia de que este mundo de los objetos es diferente a nosotros; por intermedio del tacto nos encontramos con el ser creador de todo lo existente. A partir de la certeza fundamental de habitar dentro de los seguros límites del propio cuerpo, transmitida por el tacto, puede generarse un vivido interés por el mundo. En realidad, para palpar algo necesitamos del movimiento: un dedo quieto en el lugar no palpa mucho; es decir, los sentidos inferiores se apoyan mutuamente, siempre en el ámbito de las vivencias físicas fundamentales.

CULTIVO: ayudar todo lo posible para que el niño pequeño tome conciencia de su piel, pueda desarrollar una nítida imagen de su cuerpito.  Necesita sentirse envuelto una y otra vez por la delicada firmeza de las manos maternas o paternas para poder percibirse a sí mismo dentro de su individualidad física y su delimitación, pero también para vivenciar que el ser-tocado puede dar seguridad y proximidad a la vez.  Brindar a los niños la posibilidad de tocar elementos naturales, jugar con tierra, agua, arena, experimentar con los objetos y enseñarles a ser cuidadosos y a valorarlos.

El sentido vital

Un sentido ¨interior¨ también es aquel que nos informa si tenemos hambre o estamos cansados, si existe algún malestar orgánico o nos despertamos con la sensación: ¡qué bien dormí! Es el sentido vital, también llamado cenestésico, que recoge el escenario vital que le transmiten los órganos del cuerpo.  Este escenario emitirá una vivencia de integridad, una sensación cardinal de in-corporación, de estar arraigado dentro de uno mismo.  De él dependerá no solamente la medida de confianza en nosotros mismos y en la existencia, sino también el desarrollo de una vigorosa y sólida vida anímica y volitiva. Una constante preocupación y cualquier forma de miedo se irradian a todo el cuerpo y amenazan el sentido vital.

El cuerpo del niño se constituye todo él en campo de experiencias: el calor humano, la ternura, la serenidad se comunican a través del cuerpo al alma infantil y generan aquella seguridad fundamental que conforma el medio adecuado para el sano desarrollo del sentido de vida.  Mucho depende de si la suposición esencial del niño de que ¨el mundo es absolutamente moral y bueno¨(Steiner) encuentra o no una confirmación física y sensorialmente experimentable a nivel del sentido vital.  El niño se dará cuenta si el adulto se halla en armonía y arraigado en sí mismo y lo imitará. Esa salud del sentido vital conformará más adelante la base para poder reposar dentro de uno mismo. Ser calmo y paciente a la par de estar genuinamente interesado y bien dispuesto.

CULTIVO: dedicarle al bebe con vocación y calma interior todo el tiempo necesario, brindándole los cuidados que toman en cuenta su bienestar corporal (contacto físico cariñoso, alimentación, calor estable, ritmos, cuidado del sueño, vestimenta suave y natural). El ritmo es un elemento fundamental en la vida del niño pequeño.  Será esencial despertar la valentía interior, fomentar la confianza y apoyar la ingenuidad del niño; toda forma de miedo es una amenaza para el sentido vital.



El sentido del movimiento propio

Como ser organizado para el movimiento, el hombre dispone de un sentido del movimiento propio, también llamado kinestésico. A través de él percibimos los movimientos que realizan las extremidades y el torso cuando caminamos, nos erguimos, nos sentamos, pero también los movimientos más sutiles como los de los órganos de fonación, los músculos de la respiración, de los ojos, y los más internos, como los de la digestión o del corazón, que recién alcanzan la conciencia cuando dejan de darse con naturalidad, es decir, en caso de enfermedad.

El sentido del movimiento también es el que nos permite captar movimientos fuera de nosotros.  Ustedes dirán: ¡pero si es el ojo el que los ve! El ojo apoya, si, pero sólo ve colores y percibe matices.  Quien le ayuda al ojo a pasear por la periferia de un círculo y tomar nota de su redondez, de su tamaño, son los músculos del ojo y  el sentido del movimiento propio.  Un ciego necesita de la ayuda de los músculos de las manos para palpar las formas y componer luego la imaginación el sentido del movimiento.  Dice Rudolf Steiner: ¨ aquello que sucede dentro de nosotros mediante lo cual percibimos si estamos en movimiento y cómo, esto, irradiado al alma, proporciona al hombre aquella sensación de libertad que le permite reconocerse como alma.  El hecho de que podamos percibirnos como alma libre se debe a la irradiación del sentido del movimiento. ¨Esta sensación cardinal nos permitirá ser flexibles y adaptarnos, sin renuncia a nuestra propia personalidad.  Vitalidad, agilidad interior en el trato con personas y situaciones, facilidad de integración a procesos sociales, capacidad para la comunicación y el diálogo – para todos ellos, la primera y fundamental condición previa es la segura orientación ene l ámbito del sentido del movimiento propio.

CULTIVO: en el primer año de vida, el niño aprende facultades humanas esenciales: erguirse, dominar el equilibrio y caminar. ¡No apurarlo! Más tarde mucho juego al aire libre, cultivar la destreza manual (trabajos en madera, cerámica, aprender instrumento de música), trabajar en la naturaleza, Euritmia como el arte del movimiento.  Cultivar la perseverancia, persistir en una tarea.  El movimiento errático, la gimnasia forzada, el trabajo mecánico, el apremio, la falta de ritmo sobrecargan el sentido del movimiento propio y son perjudiciales.  Caminar al aire libre armoniza.  El movimiento sano previene enfermedades reumáticas y de circulación y fortalece  el sistema inmunológico.

El sentido del equilibrio

El cuarto sentido en este grupo es el sentido del equilibrio, estrechamente emparentado con los anteriores.  No podría desarrollarse correctamente la afinación muscular si no estuviese conectada íntimamente con el sentido del equilibrio. Este sentido percibe la relación entre la fuerza de gravedad de la tierra y nuestro propio cuero (Steiner).  Está asentado en un órgano conocido por la anatomía: los canales semicirculares en el oído.  Valiéndose de la posición relativa del cuerpo en el espacio tridimensional, ellos nos informan sobre nuestra relación con el mundo circundante.  Tenemos una clara vivencia interior de estar parados en el centro mismo del espacio, y en ese centro se encuentra, vertical y erguido, el yo.   Es un sentimiento fundamental de simetría que hace que nos sintamos ¨independientes¨ del tiempo y  de la corporeidad, y en ese gesto comprendamos la relación de lo físico-corporal con lo anímico-espiritual.



Gracias a la posibilidad de equilibrar el cuerpo en la postura erguida, en el hombre quedan libres los brazos y las manos para actividades no sujetas a la ley de gravedad sino a su libre voluntad.  La imagen del equilibrio, la balanza, es un antiquísimo símbolo de la justicia. Los brazos y las manos sirven de  ¨balanza¨, es un antiquísimo símbolo de la justicia.  Los brazos y las manos sirven de  ¨balanza¨, conformando una fuerza de discernimiento interior.  El sentido de la justicia es el sentimiento de simetría en el plano moral;  se plasma en la conducta a modo de seguridad en el juicio y las decisiones, búsqueda serena y constante de la meta, sentido del orden y claridad de conceptos.

CULTIVO: el niño busca superar la fuerza de gravead y lograr establecer el equilibrio en una constante y tenaz ejercitación.  Los adultos harán bien en observarlo tranquilos e interferir lo menos posible.  ¿Qué mejor ejercitación que subir a un árbol y mantener el equilibrio entre las ramas? Cuando en nosotros impera ese equilibrio interior, lo irradiamos e infundimos una confianza inaudita que cobra en el niño un efecto estabilizador sobre las condiciones de su propio equilibrio – y no sólo sobre las condiciones del equilibrio – y no sólo sobre las condiciones del equilibrio corporal, sino también sobre las anímicas.

2) Sentidos intermedios: los sentidos anímicos

– sentido del olfato

– sentido del gusto

– sentido de la vista

– sentido del calor

Los sentidos intermedios se ubican en un lugar entre ¨dentro¨ y ¨fuera¨. Se encuentran sobre la periferia.  Son órganos visibles constituidos a partir de la piel formando cavidades hacia el interior del cuerpo. Ellos nos transmiten de diversas formas experiencias sobre la naturaleza que nos circunda.

El sentido del olfato

El sentido del olfato necesita, como el del gusto, de un medio que transporte la sustancia.  Olemos al inspirar; es sólo una parte de la nariz a la que es capaz de oler. Los nervios olfativos son muy sensibles a los olores, aunque éstos se encuentren muy ¨diluidos¨.  Una vez incorporada a la inspiración, la sustancia penetra muy profundamente en el organismo y se vierte en el torrente sanguíneo.  Así como es de sensible el nervio olfativo, así también se cansa relativamente rápido.  Pero también se recupera pronto para incorporar el próximo olor.

En cierta forma, el oler es un acto de entrega: acercamos la nariz a la fuente de olor, largamos el aire y luego inspiramos con cuidado y atención en busca de la nueva información olfativa.  La característica del acto de oler es abrirse y dar lugar a otro ser –  actitud que se encuentra en saber compartir a nivel anímico la situación del otro, la compasión bien entendida.

CULTIVO: el sentido del olfato inviste mucho más profundidad de lo que  estamos acostumbrados a adjudicarle, por lo cual es muy aconsejable prestar atención a las condiciones en que el niño educa ese sentido, por ejemplo a la limpieza, a una buena ventilación del ambiente (el aula) donde pasa muchas horas.  Hay que acercarles a los niños olores naturales y transmitirles una sana inclinación hacia ellos.  Los perfumes químicos artificiales (jabones, perfumes, sahumerios) embeben el ambiente e impiden absorber otros olores; tienen un efecto destructivo sobre el sentido del olfato.

El sentido del gusto

Para el sentido del gusto la sustancia a ser gustada debe encontrarse disuelta en líquido o ser disuelta por la saliva.  No es solamente la lengua la que siente el gusto; también una gran parte de la cavidad bucal y algo de la laringe está capacitada para ¨gustar¨.

Si nuestro sentido del gusto está sano y despierto, elegiremos el alimento adecuado en cada circunstancia. Rudolf Steiner llamó la atención sobre el importante hecho de que el alimento en el fondo lo que hace es estimular a los órganos a renovar una y otra vez la vida en el cuerpo a partir de fuerzas espirituales.

CULTIVO: el sentido del gusto es como un director de orquesta, respetuoso frente a las necesidades de los órganos, atento, cortés y servicial, y es necesario hacer lo imposible por no arruinarlo.  Es importante adquirir una sutil comprensión acerca de qué sustancias pide  el cuerpo realmente, y esto vale tanto para una madre frente a la selección de la comida para sus niños como para cada adulto a la hora de elegir qué ingerir. Lo esencial para el cultivo de los sentidos medios es la educación en las actividades artísticas todas: enseñan a desarrollar sentidos despiertos y vivaces; ejercitan y fortalecen la voluntad y crean un ¡¨buen gusto¨!

El sentido de la vista

El ojo es un órgano increíble, todo él redondo y con brillo propio.  Como representante de la luz percibe luz y oscuridad, ve color y brillo.  Para ver formas, sin embargo, necesita de la ayuda de los sentidos inferiores: el del equilibrio, del movimiento y el táctil.  Por otro lado, en la mirada nos aparece un reflejo de la personalidad humana: la vivacidad del espíritu se asoma en una mirada fresca, brillante, atenta.  Un animal nunca llega a tener en su mirada el brillo de lo humano.

El ojo es un órgano que busca constantemente la armonía, produciéndola por sus propios medios. Tiene 5 habilidades básicas: 1) La acomodación, un movimiento muscular inconsciente mediante el cual el lente se achata y se arquea para poner los objetos a la distancia que necesita para verlos con nitidez;

2) los movimientos sutiles de la pupila, centinela de la luz, para regular su entrada al ojo; 3) la producción de un color complementario al color mirado, siempre con la tendencia a completar el círculo de color, para lo cual, eso sí, necesita un mínimo de tiempo; 4) la habilidad de la retina de recibir la imagen que entra por la pupila, achicarla y pararla de cabeza para luego devolverla como imagen correcta; y 5) la capacidad de ver en forma tridimensional, dada por el cruce del eje de los ojos. Es asombrosa la diversidad de actividades que realiza el ojo en fracciones de segundo, en un trabajo constante.

CULTIVO: la actividad del ojo tiene mucho que ver con la personalidad de cada ser humano.  El ojo necesita, en cada una de sus actividades, llegar a establecer la armonía.  Una vez alcanzada, se instala en el alma una sensación de contento, de satisfacción, que en años venideros puede ser de gran ayuda para llevar la vida con sosiego interior. Si tenemos presente la cantidad de actividades que realiza el ojo sin parar, sabremos cuidar que no se canse, que disponga de suficiente luz, en lo posible luz natural, de una buena postura para escribir y leer. Muy importante será también la educación en lo artístico, el ojo educado para el color, para la observación, para la armonía.



El sentido del calor

El órgano que más se destaca en la percepción del calor es la piel, es decir, la superficie corporal.  Y entendemos al sentido calórico no solamente como el sentido que percibe el calor, sino también el frío.

Comúnmente no tomamos conciencia de que estamos permanentemente emitiendo hacia afuera.  Nuestra piel constantemente irradia calor, como también lo hace el aire que espiramos, mientras que con el aire que inspiramos entra una cierta cantidad de frío a los pulmones.  Además, cada ingesta de alimentos y bebidas requiere del organismo una regulación de la temperatura, porque ni el alimento ni los líquidos entran en él a una temperatura equivalente a la de nuestra sangre. Es la sangre la que determina el calor de nuestro cuerpo en su interior.  Y este proceso de mantener ininterrumpidamente una temperatura media de alrededor de 37% C exige una increíble actividad de nuestro organismo.

El cuerpo tiene la noción de dónde y cómo se necesita calor gracias al ¨sentido del calor¨. En realidad, el proceso de ¨encender la llama¨ en nuestro interior es algo que sucede a nivel anímico; sólo que inmediatamente incide sobre nuestra sangre y repercute sobre lo físico.  Se da así un constante ir y venir del alma al cuerpo y del cuerpo al alma.

Si para el sentido calórico el órgano sensible al calor más bien físico debe ser buscado en la piel, el órgano ligado al calor anímico habrá que buscarlo en el corazón.  Desde todos los rincones del organismo sensorio, el calor encuentra su camino hacia lo anímico, surgiendo en el alma como sensación real que sólo es descriptible como ¨calor anímico¨.  Y no debemos olvidar el camino a la inversa: el calor anímico que producimos y cultivamos en nuestra alma, se transmite a la sangre y fluye hacia los órganos.

Un sentido calórico que no trabaja bien permitirá que penetre en el cuerpo demasiado frío desde fuera.  Pueden debilitarse así las fuerzas de inmunidad existentes en la sangre, dando lugar a enfermedades como catarros, resfrío, tos y bronquitis, que hoy día tienen carácter de plaga, y también a ciertas neuralgias, lumbago, cíatica e infecciones de garganta y oído.

CULTIVO: comprender al corazón como órgano sensorio responsable de recibir las irradiaciones de calor más sutiles de la sangre nos ayudará a comprender muchos procesos patógenos.  Una actitud anímica fría y calculadora, que actúa con apremio constante y escasos sentimientos, no propicia que al corazón llegue algo del calor que le es afín.  En la época en la que el niño imita, es especialmente importante que el educador despliegue una mediad ejemplar de paciencia.

Otro factor generador de salud es aprender y trabajar con entusiasmo, ya que se enciende el calor que asegura nueva fuerza y perseverancia. Cada acción, pero también cada pensamiento que no puede ser acompañado por el corazón con el calor correspondiente, sienta un primer germen para enfermedades cardíacas y vasculares.  Cuanto más calor anímico y alegría verdadera hayamos podido almacenar en nuestra infancia, tanto más fuego orgánico y anímico tendremos disponible en los años de edad avanzada.

Sentidos superiores: los sentidos de la percepción del otro


Sentido Auditivo
Sentido de la Palabra
Sentido del Pensamiento
Sentido del YO ajeno
Los sentidos superiores están enfocados en la percepción del entorno, del otro ser humano. Así como en los sentidos inferiores, el alma se encontraba activa dentro del cuerpo, los sentidos superiores utilizan esos órganos corporales como reflectores para las experiencias que el alma puede hacer fuera del cuerpo.  Forman la base de toda vida social, de toda actividad cultural desarrollada por seres humanos en ese mundo de experiencias externas.

El sentido auditivo

El sentido de la audición marca la transición de los sentidos medios a los superiores puesto que el oído percibe todo lo que tiene sonoridad en la naturaleza, y con la misma intensidad presta atención a lo que proviene del ser humano, captando algo de su íntima esencia.

El órgano de la audición es un ejemplo visible de las maravillas que es capaz de construir el cuerpo humano.  Rudolf Steiner hacer ver que, en tiempos remotos de la humanidad, el oído era un órgano sensorio enorme, tan abarcante que envolvía prácticamente al ser humano todo. Se ha comprobado que el primer sentido en aparecer, ya en el útero, y el último en apagarse antes del deceso es precisamente la capacidad auditiva.  Es interesante además que tengamos dos orejas al igual que dos ojos; esto nos permite apreciar la tridimensionalidad del espacio y saber de dónde viene el sonido.

La conformación exterior de la oreja es única en cada individuo, así como las huellas digitales.  Su forma semejante a un embudo, con una especie  de hondonadas en sus paredes, atrapa el sonido, lo direcciona hacia el canal auditivo y al hacerlo le imprime un movimiento de espiral.

El oído medio consta de tres huesitos que transportan el sonido desde el tímpano hasta la ventana oval, cubierta de una membrana que transmite la onda sonora, hasta aquí transportada por el aire, a un medio acuoso en el caracol, un cuerpecillo de 5 mm que alberga las terminales neuro-sensorias. En este lugar, el ¨corazón¨ auditivo, se encuentran también los canales semicirculares, órganos de orientación para el sentido del equilibrio, que a su vez está estrechamente relacionado con la actividad auditiva.

Tanto en el tímpano como en la ventana oval hay un músculo, centinela y guardián de la intensidad del sonido; todo el sistema auditivo puede tensarse, desensibilizarse, para disminuir la embestida de una vibración demasiado fuerte.

A partir del caracol, el canal auditivo se hace cada vez más angosto hasta llegar a una ¨ventana redonda¨, que vuelve a conectar la onda sonora con el aire, conduciéndola por la ¨trompa de Eustaquio¨ al ¨exterior¨, a las fauces, que a su vez son parte del organismo de fonación.  Según Rudolf Steiner, en viejos tiempos, el organismo del habla y del oído formaban una unidad.  Salta a la vista una maravillosa y sutil correspondencia entre oír y hablar, que en la infancia posibilita el aprendizaje del habla mediante la imitación directa de los sonidos.  Estas relaciones sutiles dieron lugar a un nuevo arte del movimiento creado por Rudolf Steiner: la Euritmia, que revela a través del movimiento corporal artístico las fuerzas formativas y vivificantes del lenguaje y la música.

El oído tiene una profunda relación con el alma.  Tiene la capacidad de ¨sentir¨ ruido, sonidos naturales, voces humanas, música, y en ella la consonancia de varios elementos: melodía, armonía y ritmo.  Es capaz de discernir muy sutiles variaciones de tonalidad, los ¨timbres¨ mediante los cuales diferencia un golpe sobre metal de otro sobre madera o una voz humana de otra, percibiendo así algo del alma misma que vibra en el interior de las cosas y se nos revela como ¨tono¨.

CULTIVO: para el niño es de eminente importancia oír un lenguaje cuidado.  Una vez aprendido el buen hablar, el niño necesitará aprender el buen escuchar.  El adulto que sabe contar cuentos y hablar en imágenes alimentará el alma y generará en los niños una inclinación al respeto  y la reflexión, asentando una sana base para la atención. Será elemental en este contexto cuidar que los sonidos sean portadores de vida, no mecánicos.  Conociendo el sutil proceso que es el  oír, cuidar el volumen y cuidar el alma a través de la calidad de lo audible será una necesidad.



El sentido verbal o de la palabra ajena

Cuando uno intenta desprenderse de prejuicios, pronto se hace patente que la comprensión de una palabra, y sea la más pequeña, requiere de más que sólo  una impresión auditiva.  Pensar la palabra ¨árbol¨ convoca inmediatamente impresiones que se fueron sumando para formar el concepto ¨árbol¨.  En cambio, con palabras como ¨y¨, ¨o bien¨, y ¨muy¨,, nuestra capacidad de asociar imágenes no entra en juego – y sin embargo comprendemos sin más su significado.  El sentido auditivo sólo aprecia el elemento acústico o musical del lenguaje, pero no su esencia misma.  Lo que caracteriza a un idioma sólo lo percibe el sentido del habla.

Rudolf Steiner asevera que no podríamos comprender palabras si no tuviéramos un organismo físico capacitado para el movimiento; la base para el organismo sensorio de la palabra es proporcionada por el organismo del sentido del movimiento, pero en estado de inacción.  Por ello, para escuchar mejor, frenamos un movimiento en el aire y entreabrimos la boca para agudizar la comprensión.

Un niño pequeño, antes de aprender a hablar, adquiere la capacidad de moverse, de erguirse y de caminar.  Muchos movimientos musculares acompañan este proceso de aprendizaje, algunos muy sutiles, como la vibración de la laringe en forma muy leve cuando ¨oye¨ una palabra. Esto se puede observar a veces hasta en uno mismo: cuanto más intensamente uno escucha un tono o una palabra, tanto más se esfuerza la laringe tratando de imitar muy tenuemente lo que suena.

CULTIVO: se comprende entonces que la organización del sentido verbal requiere de todo el cuidado que se le pueda dispensar, especialmente ante el desgaste al que se ve sometido diariamente.  El niño puede modelar sus órganos sensorios superiores única y exclusivamente en presencia de, y en contacto con, el hombre.  El adulto constituye para el niño el mundo de experiencias que le sirve para agudizar sus sentidos cognoscitivos.  El niño escucha las palabras del maestro, siendo el ¨escuchar¨ un término que propiamente abarca todo lo que pertenece al dominio de los sentidos superiores: sonido, lenguaje, pensamiento y yo ajeno.  Es innegable entonces, que para cultivar los sentidos superiores, los adultos han de comenzar cultivándolos ellos en sí mismos. Una buena emisión de la voz provee salud a los órganos de fonación. Hablarles en media lengua a los niños pequeños entorpece el aprendizaje. Un hablar nervioso y a gritos tiene efectos nocivos, paraliza las fuerzas vitales y asusta el alma, ya que el niño imita todos esos movimientos con los sutiles movimientos de su laringe. Toda emisión de la voz humana por medios mecánicos o electrónicos estará vacía de ¨calor humano¨ y, además de lo nocivo del volumen alto, producirá perplejidad y un vaciamiento del alma, independientemente del mensaje.

En la Pedagogía Waldorf se busca fortalecer el desarrollo pleno del habla con elementos de recitación como el ¨coro hablado¨, mediante el cual se cultiva el ritmo, la correcta respiración y un saludable elemento social, vivenciando la potencia de la palabra. Un buen uso del sentido del habla conlleva una respiración sana, hace surgir un despliegue de la sensación de libertad interior y cultiva el coraje como actitud del alma.



El sentido del pensamiento ajeno

Para Rudolf Steiner, primero en describirlo, el sentido del pensamiento ajeno es aquel que le permite al ser humano percibir los pensamientos de otro ser humano. Estamos acostumbrados a pensar que es la palabra la que nos permite comprender un pensamiento ajeno, pero ésta es tan sólo el vehículo que lo transporta.  Es decir, deberíamos separar el hablar del pensar.  Existen además otros vehículos para expresar un pensamiento, como por ejemplo los gestos y la mímica, con los que también puedo contestar preguntas y hacerme entender.

Ahora bien, ¨para entender a otro, debo silenciar mi propio pensar. Para vivenciar el contenido de la conciencia de otro, para percibir e incorporar un pensamiento ajeno, he de apagar la conciencia sobre lo que vive en mi propia conciencia¨ (Steiner).



El primer requisito para que este sentido entre en actividad es la capacidad del pensar, que en el niño comienza a aflorar alrededor de los 3 años.  Cuando el niño empieza a autotitularse ¨yo¨, pone de manifiesto que ha comenzado a formarse imágenes y a almacenarlas.  A los niños, que aún no están tan inmersos en lo físico, les es mucho más fácil percibir el ámbito invisible y en él los pensamientos de otro.

Hasta se podría pensar que esta capacidad es un estado inicial desde el cual se va formando de a poco el sentido del pensamiento ajeno.

CULTIVO: hay muchos elementos que entorpecen el desarrollo del pensar, y por lo tanto el sentido que percibe el pensar ajeno.  Los métodos de recreación que ofrecen el cine, la radio y la TV son dañinos para el cultivo sutil de este sentido.  Su técnica consiste en una suma de imágenes separadas entre si, una continuidad aparente que no tiene que ver con la realidad. Aún la mejor actuación depende del medio que la transmite, y la pantalla no puede evitar tener sobre el sentido del pensamiento del espectador una influencia lamentable: el sentido del pensar no recibe alimento y se debilita. Una actuación teatral verdadera lo activa y lo vivifica. Elementos cotidianos que impiden el pensar o incorporar un pensamiento ajeno, como son el apuro, estrés,, ajetreo y el ruido, entorpecen este sentido hasta anularlo.  La superficialidad que prima hoy en día en las conversaciones hace que la percepción de la palabra ajena se desvitalice.  Una tarea de la escuela consta en promover la capacidad de observación en los niños, la vivencia del mundo a partir de la observación, y por el otro lado la capacidad de plasmar en su interior conceptos lo más claros posible. Cuanto más estas imágenes procedan de la naturaleza y de actividades creativas, con tanto más fuerza y vitalidad se configurará posteriormente su capacidad de pensar. Un sentido del pensamiento desordenado tiene un efecto caótico sobre la voluntad y puede acarrear trastornos en el ámbito anímico.

El sentido del pensamiento ajeno desarrollado sobre un sano pensar propio también habrá desarrollado una sutil sensibilidad para el aspecto moral de los pensamientos.  Pero no solamente son criterios de salud o enfermedad los que nos moverán a cultivar este sentido: la situación social de la humanidad que se va gestando en la actualidad dependerá de cuántos individuos y pueblos logren desarrollar la capacidad de realmente tomar e incorporar pensamientos de otros y sentir su contenido moral.


El sentido de la percepción del YO ajeno

Percibir el yo de otra persona no es el final de una cadena de aspectos analizados y comparados, es una percepción total y completa hecha en una fracción de segundo.  Tal como tenemos que diferenciar el propio pensar y la captación de pensamientos de otros, así tenemos que diferenciar entre la vivencia de nuestro propio yo y la captación del yo de otro. Percibo el yo del otro exactamente del mismo modo como percibo los colores con mi sentido visual. ¨Además de comprender el lenguaje de otro, oír su voz, ver su color encarnado, observar sus gestos, percibimos directamente el Yo de otro. Hasta que esto no sea fehacientemente comprendido, la ciencia de los sentidos no descansará sobre fundamentos sólidos. ¨(Steiner). Es un proceso muy sutil que sucede casi puramente en el ámbito suprasensorio.

En la actualidad, el encuentro entre dos personas se ve cada vez más dificultado, a pesar de ser ésta la ¨era de la comunicación¨.  Cada vez hay más soledad, más angustia, más violencia.  ¿Por qué es tan difícil en nuestro tiempo acercarse al yo del otro ser humano?

A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre se ha ido desarrollando de ser un integrante grupal a ser un individuo.  Una de las tareas primordiales del hombre en esta época es desarrollar su verdadera personalidad. No obstante, lo que hemos aprendido es a rodearla de vallas y cubrirla con velos.

¨Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos atemoriza¨, dice Nelson Mandela. ¡Precisamente de esta luz se trata! Que un ser humano reconozca a otro como ser humano, vea en él esa luz, es probablemente el regalo más grande que una persona puede brindarle  a otra. Y esto es especialmente cierto para un niño. Puede ser decisivo para su destino sentirse reconocido, valorado y aceptado en toda su individualidad única.

CULTIVO: hemos visto que el niño puede modelar sus órganos sensorios superiores única y exclusivamente en contacto con el hombre. Cada vez que en clase se acerca al niño la imagen del hombre¨ en forma tal que algo de la verdadera esencia humana se vuelva intuible, se apela a sus sentidos superiores, siempre alertas en busca de ¨hombre¨: De ahí que debiera aprovecharse toda oportunidad para visualizar esa imagen del hombre desde siempre nuevas facetas: historia, historia del arte, literatura, geografía, antropología, biografías como tema de narraciones, lectura y representación de obras de teatro, etc.

Es una meta importante de la educación lograr que los niños dejen algún día la escuela llevando en su alma las ideas más comprensivas y multifacéticos respecto del hombre. Pero al mismo tiempo se logra aún otra cosa: los niños tendrán desarrollados sus sentidos superiores en forma tal que, de adultos serán realmente capaces de percibir y comprender la palabra, el pensamiento y el yo de sus congéneres.

extraído de http://fundacionwaldorf.org/

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