Desarrollo acelerado y con retraso

agosto 14, 2017




El tema que se me sugirió para esta conferencia fue el de los obstáculos para la encarnación del «Yo». De todos los obstáculos posibles elegí centrarme principalmente en dos: el retraso con respecto al desarrollo motor y la aceleración en virtud del desarrollo del habla y el pensamiento. En la actualidad, estos dos son los desafíos más comunes para la encarnación del «Yo» en los niños.
 Soy muy consciente de que hablo en base a mi experiencia con niños en un país de primer mundo donde no se ven amenazados por el hambre, sino por la obesidad y las enfermedades relacionadas, y por la sobre-estimulación de los sentidos. Sin embargo, tengo la certeza de que lo expuesto aquí será pertinente también para niños en diversas situaciones. [El siguiente pasaje es un extracto de la conferencia, ya que varios niños estadounidenses se encuentran comprendidos en esta categoría. Se hace referencia a niños mencionados en la primera parte de la conferencia sin entrar en detalles. Una lectura completa de toda la conferencia ayudará a reconocer dichas referencias y planteará  el análisis del retraso del desarrollo, las respuestas pedagógicas a nuestro alcance y recomendaciones sobre cómo podemos hoy en día construir vínculos con los niños, alentar la imitación y guiar los ejercicios recreativos.]

Desarrollo acelerado 
 enfocamos ahora en lo que creo es el mayor obstáculo para los niños en la actualidad, especialmente en las sociedades del primer mundo: la sobreestimulación y las demandas por mantener un rendimiento alto, generan un desarrollo acelerado del habla y del intelecto en los niños pequeños. No nos referimos a las condiciones ambientales que actúan negativamente en la unión armoniosa del alma-espíritu con el cuerpo físico-etérico en la encarnación y en la manifestación de una consciencia propia saludable. Hoy en día los temas tratan del rendimiento intelectual prematuro fomentado por los sistemas educativos y la introducción de tecnologías modernas en la vida de niños pequeños. Ya en su época, Steiner pudo observar la aceleración del desarrollo intelectual en los niños. La individualidad, cuya presencia puede apreciarse a través de la vida del ser humano y que brinda la experiencia interior de uno mismo, se ve abrumada por la sobrecarga sensorial a una edad temprana. Los niños asimilan estas influencias tempranamente y como consecuencia parecen más grandes de lo que son. Steiner sostiene que solía haber una gran diferencia entre el primer y el segundo septenio. Steiner declara que: «Hoy en día, los niños son muy inteligentes y hay muy poca diferencia entre los primeros y los segundos siete años de vida; como consecuencia se deberán concebir métodos educativos especiales para tratar a estos niños. Son tan inteligentes como los adultos y todos parecen ser igual de listos, sin importar la edad.»
Este es el fenómeno de aceleración más extendido en la actualidad. No solo se ven afectados los niños dotados y excepcionales, sino también aquellos que se encuentran del otro lado. Este desarrollo surge como consecuencia de una subordinación casi exclusiva del pensamiento humano al mundo material, y la necesidad de recolectar información, analizar, expresar opiniones y dictar sentencias. Los párvulos, al ser imitadores, suelen repetir información y opiniones expuestas por adultos. Los niños que hablan de forma sagaz, primero han recibido toneladas de aportes explicativos e informativos por parte de adultos, y han sido alentados para que expresen opiniones y tomen decisiones desde temprano. En algún momento la niñez fue una época de cuentos, de rimas y cantos infantiles, de acercar el lenguaje y el significado al niño por medio de la música, no de forma intelectual, sino a través de rimas, versos y canciones.
 Lo importante era sentir el lenguaje, no procesar su contenido. Hoy muchos niños de temprana edad ya tienen una buena capacidad para procesar información e identificar objetos. Un ejemplo es el de un bebé varón de dieciocho meses de edad parado frente a una mesa ratona con tarjetas ilustradas al que se le indica que señale una de ellas en particular. El niño logra realizar la tarea indicada con éxito, pero no logra mantenerse de pie junto a la mesa de forma independiente, sino que se aferra a la mesa para mantener su equilibrio. La tarea no generaba placer alguno en la criatura; en esa etapa de su vida, el niño debería haber consolidado su capacidad de permanecer parado de forma erguida y su caminar, no su proceso de pensamiento. Sin embargo, el creer popular de que la etapa previa a los tres años es la ideal para acelerar el desarrollo intelectual ha ocasionado varios programas de aprendizaje. Debido a su memoria excepcional, los niños aprenden rápidamente a emplear palabras y algunos conceptos de forma correcta, a identificar representaciones de objetos, a nombrar personajes de libros, e incluso a recordar detalles de su contenido. Estas habilidades, sin embargo, no implican un desarrollo de los aspectos más profundos del pensamiento del niño ni tampoco de sus sentimientos o su voluntad. Por eso los niños aparentan ser más inteligentes que lo que dicta su edad, pero no lo son. Pese a que hay una aceleración en su desarrollo intelectual, no hay una aceleración correspondiente en su alma. Así, pese a su inteligencia, el niño continúa con los septenios del desarrollo del alma. Otro ejemplo que puedo mencionar es el de un pequeño muy inteligente de mi jardín de infancia que siempre tenía algo que decir. Para la celebración en el jardín de su quinto cumpleaños, les conté la historia del ángel que baja de un arcoíris con un niño para llevarlo con sus padres como metáfora del nacimiento. Al finalizar el cuento, el niño dijo en asombro: « ¿Así fue como sucedió?»
Sintió la verdad de esa imagen en su alma. El niño, de forma intelectual, había absorbido otra información de sus padres sobre su nacimiento, pero incluso en presencia de ese despertar intelectual, el alma se manifestó con esta imagen del nacimiento. Steiner ha advertido que exigir un desarrollo intelectual temprano en el proceso de crecimiento de un niño pequeño le causará estrés y provocará que el manto etérico que lo recubre se vuelva delgado y se desgaste, y que su calidad de vida se vea afectada.
En los niños, ese estrés se manifiesta en forma de nerviosismo, falta de atención de su entorno y comportamiento inquieto; signos que son propios de una saturación del alma, no del intelecto. En el caso de Tobías, el joven con un desarrollo intelectual temprano mencionado al comienzo, su alma no tenía el mismo desarrollo avanzado que su parte intelectual; su mirada carente de alegría y su inhabilidad para jugar demostraban que su alma estaba desnutrida. Tobías también hablaba con un tono monótono, pero cuando estaba estresado su voz se volvía aguda y su tono alto. Además se quedaba sin aire, un signo de que no podía respirar ni sentir de forma fluida, sin obstáculos. Tobías no solo era un niño intelectualmente despierto, también era  un niño ansioso, lo que se manifestaba físicamente en su forma torpe de correr: inclinaba hacia atrás la parte superior de su cuerpo y esto lo volvía lento. Niños como Tobías reaccionan al sobreestímulo con ansiedad, no con miedo a algo específico, sino con miedo como un trastorno general del alma. Considero ese miedo un obstáculo significativo en el proceso de encarnación, visible en varios niños en la actualidad. Este obstáculo afecta su capacidad para jugar, comer y dormir. Algunas veces podemos observar que ese miedo se manifiesta como un gesto físico cuando empuña sus manos casi como una acción refleja. Benjamín, un niño de seis años, es un niño muy temeroso. Él es alto, delgado, tiene una cara estrecha, ojos temerosos bien abiertos, una voz monótona y presenta movimientos tensos; además, es quisquilloso con sus comidas y está siempre alerta a lo que sucede a su alrededor. No hay manto protector alguno que lo recubra en esta etapa. Con suerte, la calidez de su nueva maestra y las rutinas y ritmos del jardín de infancia lo ayudarán a sentirse más seguro; está comenzando a sonreír ocasionalmente y a jugar de a poco. En su cuarta conferencia de Education for Special Needs [Educación para necesidades especiales], Steiner habló de aquellos niños cuyo cuerpo astral y su «Yo» se ven demasiado atraídos por el medio que los rodean. Esto es pertinente tanto para los niños temerosos, como también para aquellos que pierden su zona segura por convivir con tantas tentaciones y distracciones. Steiner sostiene que los niños se vuelven hipersensibles e irritables y reprimen esos sentimientos lo que ocasiona que sean propensos a un comportamiento hiperactivo que esconde ese malestar. El miedo como trastorno general del alma, que parece ser más prominente en niños pequeños, va de la mano con una conciencia temprana del «Yo». Antes solía considerarse el decir «Yo» como un signo de que el niño había superado un umbral interior y una nueva etapa del desarrollo; hoy, sin embargo, es común que los niños digan «Yo» a los dieciocho meses en lugar de los tres años. En Life Between Death and Rebirth [La vida entre la muerte y el nuevo nacimiento], Steiner describe la conciencia del «Yo» a la edad de tres años de la siguiente manera: El «Yo» representa imágenes mentales en uno mismo al decir «mis pies», «yo sufro», etc. Este concepto se relaciona con el del «Yo» que se despierta cerca de los tres años, en contraposición con el «Yo» que menciona Steiner desde los dieciocho meses en adelante, ya que se lo atribuye a una imitación sin un aspecto profundo de individualidad que lo diferencie de otras personas. Uno puede escuchar decir a niños pequeños «Yo quiero esto. Yo quiero aquello», son expresiones de deseo que pueden confundirse con el despertar de la conciencia del «Yo». Siempre se vincula ese «Yo quiero» con las influencias del medio ambiente, con el papel considerable que juega el deseo y su satisfacción en el mundo moderno; también se relaciona con el hecho de que constantemente se les pregunta a los niños acerca de sus deseos y se les pide que tomen decisiones. El decir «Yo» de forma tan prematura no se debe a un despertar temprano de la conciencia individual, sino que surge a partir de una lucidez intelectual precoz y necesita ser analizado en relación al rol del consumismo y de la publicidad en la sociedad.
Práctica pedagógica frente al retraso y la aceleración.
Debemos reflejar en nuestra práctica pedagógica lo que es esencial y lo que no es tan significativo. Para los educadores infantiles hay algo imprescindible que supera el resto: comprender la naturaleza humana y de qué manera específica se manifiesta en los niños pequeños. Solo así podremos convertirnos en auxiliares  del «Yo» en el proceso de encarnación y hallar el apoyo adecuado para el desarrollo armonioso y el establecimiento del equilibrio entre los tres centros de actividad del cuerpo que se aplican a todos los niños: el sistema neuro-sensorial, el sistema rítmico y el sistema metabólico-motor. El «Yo», sin embargo, se encuentra con distintas variables y la encarnación ocurre de forma ligeramente diferente en cada niño. Necesitamos desarrollar la facultad de intuición para comprender lo que es específico en el proceso de encarnación de un niño en particular. Kate, Thomas y Michael [niños mencionados previamente en la conferencia] cuentan al educador algo importante sobre la encarnación. El niño podrá resolver muchos aspectos por sí mismo según lo dicte su destino, y a veces solo a través de los años. Aun así, debemos entender que nosotros, sin importar lo que hagamos, formamos parte del destino del niño. Cuando detectamos un problema, debemos ser cautos y tomarnos un tiempo razonable para observar. Debemos preguntarnos dónde vemos un progreso y dónde no. Debemos seguir en contacto con otras personas, doctores, colegas y terapeutas con el fin de identificar cuál será el límite o el apoyo apropiado para el niño. De esta manera, como pedagogos trabajamos en dos niveles: Primero trabajamos con las necesidades de todos los niños. Tenemos los contenidos curriculares de la pedagogía Waldorf para la infancia que abarcan factores indispensables como: proporcionar un medio ambiente calmado y pacífico, proveer ejemplos dignos de imitación, crear una corriente rítmica en la vida del infante, facilitar juegos que permitan autonomía, y guiar actividades tales como rondas, cuentos, música, entre otros. Así es como creamos experiencias de vida que contribuyen a la salud de todos los infantes, también de aquellos con desarrollo acelerado o con retraso. Muchos niños se emocionan por lo que podemos ofrecerles: el buen humor en el jardín de infancia, las imágenes, las actividades, el adulto trabajador, la unidad del grupo. Hay niños, no obstante, que no son como aquellos mencionados al comienzo [de la conferencia]. Por ende, en segundo lugar, debemos realizar ajustes en base a esos niños. Steiner nos dio la tarea de remover los obstáculos para que el espíritu del niño pueda cobrar vida con total libertad. Hoy en día, como educador es necesario recordar que la encarnación se ha vuelto más difícil y que por eso nos encontramos con niños más problemáticos. Steiner nos aconseja que no debemos experimentar eso como una tragedia; debemos considerar a cada niño problemático como un regalo del mundo espiritual y como una «manifestación de las más preciadas. Debemos superar ese sentimiento de tragedia porque nos ayudará a descubrir cómo algo malo también puede ser algo divino». Según mi experiencia, sugiero realizar cambios a tres partes fundamentales de nuestro trabajo: construir vínculos con los niños, trabajar con imitación y dar el ejemplo, y guiar los ejercicios recreativos.

Por: La Dra. Renate Long-Briepohl

Bibliografía 
Steiner, Rudolf. (1985). True and False Paths in Spiritual Investigation. London: Rudolf Steiner Press.
Steiner, Rudolf. (2005). Education for Special Needs. London: Rudolf Steiner Press.
Steiner, Rudolf. (1968).
Life Between Death and Rebirth. New York: Anthroposophic Press.
Steiner, Rudolf. (2004). The Spiritual Ground of Education. New York: Anthroposophic Press.
[Nota del editor: La tercera parte que concluye con la conferencia trata sobre construir vínculos, la imitación y guiar los ejercicios recreativos. La Dra. Renate LongBriepohl pronunció sugerencias específicas y detalladas para guiarnos en nuestro trabajo en dichas áreas.]
La Dra. Renate Long-Briepohl enseñó en jardín de infancia por muchos años y ahora educa y aconseja en todo el mundo. Entre sus libros se encuentra Supporting Self-Directed Play in Steiner/Waldorf Early Childhood Education.

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