Primera Parte: Cómo Enseñar a Nuestros Niños a Escribir, Leer y Deletrear

agosto 13, 2017



Existe una creencia ampliamente sostenida de que si enseñamos a nuestros niños a leer, escribir y deletrear en el preescolar y en el kindergarten, ellos se convertirán en mejores escritores, lectores y deletreadores para el momento en que lleguen al primero y segundo grado de primaria. Esto sin embargo no es lo que hemos visto clínicamente. La realidad es que los niños solamente deberían aprender a escribir, leer y deletrear cuando sus vías neuronales para la escritura, lectura y deletreo estén totalmente formadas.
Existen muchos neuropsicólogos, especialistas del desarrollo, terapeutas ocupacionales y maestros que están preocupados por la moda actual en este país que está empujando lo académico en el preescolar y kindergarten que resultará en aún mayores incrementos en el número de niños, particularmente varones, diagnosticados con desórdenes del déficit de atención, desórdenes conductuales, así como déficits en el proceso visual y auditivo.
Por principio, los niños necesitan desarrollar un fuerte sentido del equilibrio, tanto cuando su cuerpo se está moviendo como cuando su cuerpo está estático. Incluso en el útero el feto se está moviendo y estimulando los tres canales semicirculares dentro de ambos oídos internos. Los canales semicirculares están situados de tal manera que cada uno responde a una dirección diferente o plano de movimiento, tal como arriba/abajo, hacia adelante/ hacia atrás, izquierda/derecha. El órgano de la escucha formado como un caracol y sus tres canales semicirculares para el equilibrio, comparten el mismo octavo nervio craneal del cerebro. Si el cerebro no está obteniendo información correcta de los canales semicirculares, no puede mantener fácilmente la verticalidad del cuerpo.
 En ese caso los niños necesitan pensar y concentrarse en mantener la verticalidad, por lo que sus movimientos del cuerpo no están todavía libres de la mente. La habilidad para mantener información verbal cuando estás sentado o parado, depende de que la mente esté libre. Es por esto por lo que un niño de seis años y medio puede recordar una secuencia de cuatro instrucciones verbales cuando está acostado en el piso o en el regazo de sus padres, pero no cuando están sentados tranquilamente en una silla y especialmente no cuando están quietos y sentados. El fluído detrás del tambor del oído también impacta la habilidad del escucha del niño como lo hace la inflamación del cerebro (resultado de una inflamación intestinal conocida como síndrome de intestino permeable), pero estos niños tienen dificultades para escuchar y entender el lenguaje en todas las posiciones, ya sea acostados, sentados o parados.
Para que un niño sea capaz de sentarse en quietud, poner atención, y visualmente recordar la forma de las letras y de los números, primero debe haber desarrollado su sistema propioceptivo, el sentido del cuerpo en el espacio.
Desde que el niño nace y siente la gravedad, los movimientos del niño en el tronco y las extremidades activarán los sitios de recepción propioceptiva dentro de los músculos, articulaciones, tendones y ligamentos. Esta información sensoria viaja entonces hasta el cerebelo en la base del cráneo así como a los lóbulos parietales localizados a cada lado del cerebro, antes de conectarse a todas las áreas cerebrales incluyendo los lóbulos frontales. Los movimientos en el lado derecho del cuerpo son mayormente percibidos en el lado izquierdo del cerebro, mientras que los movimientos en el lado izquierdo del cuerpo son mayormente percibidos en el lado derecho del cerebro. Si estas vías propioceptivas han podido desarrollarse por completo para el momento en que el niño tiene 7 u 8 años de edad (un poco antes para las niñas que para los niños) sus cerebros establecerán un mapa de localización para todos los músculos, articulaciones, tendones y ligamentos de ambos lados de su cuerpo. También alrededor de este mismo período, ambos lados del cerebro desarrollarán conexiones mutuas, conocidas como integración bilateral. Esto permitirá a los niños moverse con su lado derecho e izquierdo al mismo tiempo. Cuando los niños pueden percibir de manera propioceptiva su tronco y extremidades y han conectado los lados derechos e izquierdos de su cerebro y por tanto los de todo su cuerpo, ellos habrán desarrollado un sentido espacial, un completo sentido de sus cuerpos en el espacio tridimensional (ejemplo: hacia adelante/hacia atrás, arriba/abajo, izquierda/derecha). Entonces sus cerebros y cuerpos físicos estarán profundamente conectados. Ellos serán capaces de localizar su tronco, sus brazos, sus manos, sus dedos, sus piernas y pies aún cuando estén sentados quietamente, parados o acostados con sus ojos cerrados. Su mente entonces no necesitará ayudar a su cuerpo a mantener la verticalidad o juzgar la distancia espacial. Su mente estará libre para poner atención, enfocarse, aprender y su mente estará también libre para notar las claves sociales no verbales dadas por otros niños o por los adultos.
En mi práctica clínica veo niños a los que se les pide sentarse quietos en un escritorio cuando todavía no pueden mantener la verticalidad ya sea sentados o parados y todavía no pueden “sentir” o percibir sus cuerpos de manera propioceptiva. Estos niños tienen que moverse constantemente, mover sus músculos y articulaciones y comúnmente necesitan buscar presiones externas para localizar sus cuerpos en el espacio. Estos niños por lo común se sientan inquietos en las sillas (a veces se caen de ellas) se apoyan en sus escritorios, se sientan sobre sus piernas y pies cuando están en una silla y/o abrazan con sus pies alrededor de las patas de la silla tan solo para ayudar a su cerebro a localizar mejor la posición de su tronco en el espacio. Además, cuando el sistema propioceptivo no se ha desarrollado de manera completa, los niños presentan dificultades para mantener el equilibrio en cada pie por 8 o 10 segundos, quedándose quietos cuando sus ojos están cerrados. Como estos niños todavía no perciben su cuerpo en un espacio tridimensional (ejemplo: hacia adelante/atrás, arriba/abajo, derecha/ izquierda) tendrán también dificultades al copiar formas, especialmente formas que contengan líneas diagonales tales como un triángulo o un diamante. Comúnmente, esperamos que los niños sean capaces de copiar un triángulo cuando tienen 5 años de edad y de copiar un diamante cuando tienen 7 años de edad. Los niños que no pueden localizar de manera propioceptiva sus pulgares o dedos cuando tratan de sostener lápices o crayones, no pueden dibujar fácilmente. Además, si el cerebro de un niño y su mente no han empezado a desarrollar ese sentido del cuerpo en un espacio tridimensional, entonces le será especialmente difícil copiar líneas diagonales. De hecho, los niños no serán capaces de percibir las líneas diagonales que firmemente se les dibujen en sus espaldas con un dedo, tales como en las letras M, W, V o X o el número 7, hasta que hayan desarrollado completamente el sentido de sus cuerpos en un espacio tridimensional. Hasta ese momento las líneas dibujadas en sus espaldas las sentirán como verticales, horizontales o curvas. Los niños que no son guiados por un padre o maestro dibujarán las conexiones propioceptivas de su cerebro hacia sus cuerpos cuando se les pide dibujar la figura de una persona.
Los niños menores de dos años por lo común rayonean cuando se les pide dibujar a una persona. Su cerebro todavía no está conectado propioceptivamente hacia su cuerpo. Las niñas alrededor de los 2 años y los niños alrededor de los 3 usualmente dibujan un círculo como cabeza con rayas verticales y horizontales como brazos y piernas que salen de este círculo. Esto significa que estos niños están haciendo conexiones propioceptivas de su cerebro hacia sus brazos y piernas pero todavía no al tronco, manos, dedos o pies. Por lo común cuando las niñas tiene tres años de edad y los niños 4, dibujarán figuras de rayas con brazos y piernas que se originan de troncos con forma de rayas o de círculos. Estos niños también dibujarán de 3 a 5 dedos de rayas en cada mano dejándonos saber que también están empezando a percibir sus dedos propioceptivamente. Hacia los 5 años de edad los niños deberían empezar a experimentar su cuerpo en el espacio tridimensional (hacia adelante/atrás, derecha/izquierda, arriba/ abajo), así que sus dibujos de las personas empezarán a mostrar alguna dimensión. Ahora sus dibujos mostrarán ropa (vestidos de forma triangular y pantalones y camisas rectangulares) en lugar de tan solo troncos circulares o lineales. Habrá formas tubulares o rectangulares (en lugar de lineales) para los brazos, las manos, los dedos, las piernas y los pies.
Los dibujos se volverán más detallados con la aparición del cuello alrededor de los 7 años de edad. Cuando los niños dibujan estos tipos de dibujos dimensionales para una persona, entonces sus cerebros y mentes estarán listas para leer fonéticamente y para crear simultáneamente imágenes mentales y escenas de las palabras que están leyendo. Si las vías propioceptivas de los niños no se han desarrollado por completo o han sido parcialmente bloqueadas por compresiones craneales no resueltas (las cuales pueden ocurrir durante el proceso de nacimiento) sus dibujos de una persona se verán como los de niños más pequeños, que comúnmente consisten en garabatos o en formas de palotes.
También es importante darnos cuenta que las conductas sociales y emocionales de los niños serán paralelas al desarrollo de su sistema propioceptivo. Si los dibujos de un niño de una persona aparecen propioceptivamente como los de un niño más pequeño, la conducta social y emocional será probablemente del nivel de la edad del dibujo del niño. Esto es debido a que la mente del niño requiere liberarse con el fin de notar las claves sociales. Estos niños también se cansarán fácilmente y se estresarán con facilidad cuando estén en nuevos ambientes o situaciones sociales, debido a que sus mentes están haciendo muchas tareas a la vez. Comúnmente los niños cuyas vías propioceptivas no se han desarrollado propiamente son etiquetados como con Desorden del Déficit de Atención debido a que se muestran incontrolables con sus movimientos y tienen dificultades para poner atención y enfocarse. También se muestran estresados y se fatigan rápidamente debido a que sus mentes están haciendo muchas tareas para ayudar a su cerebro a mantener su cuerpo vertical y a juzgar la distancia espacial. Estas multitareas provocan que los niños vivan predominantemente a la defensiva (en su sistema simpático) en la porción de su sistema nervioso autónomo. Estar en esta porción del sistema nervioso, también provoca que sus pupilas parezcan más grandes cuando están en el interior con una luz media. Además los movimientos de estos niños parecen entrecortados en lugar de fluidos y comúnmente se ven ansiosos y/o hiperactivos. Sus conductas pueden ser impulsivas y a veces explosivas.
Estos niños tienen problemas en el movimiento motor fino de sus dedos al mismo tiempo que no perciben propioceptivamente los dedos en sus manos. Algunos de estos niños todavía van a escribir tomando el lápiz con el puño o mostrarán mucha tensión en sus dedos al sostener crayolas o lápices. Y otra vez, estos niños mostrarán problemas en sus relaciones con sus compañeros debido a que su mente todavía no está libre y no es capaz de notar las claves sociales no verbales. Los niños con problemas propioceptivos también pueden ser etiquetados con déficit en el procesamiento visual (por ejemplo: con dislexia u otros tipos de discapacidades no verbales del aprendizaje) debido a que ellos tienen dificultades en captar y recordar la correcta orientación espacial de las letras y de los números cuando se les pide que escriban de memoria. Si las vías propioceptivas se desarrollan completamente, los niños pueden ver las formas de las letras y los números, usar sus ojos o para seguir la dirección exacta de las líneas y de las curvas y entonces de manera correcta grabar la información espacial en el área parietal izquierda de su cerebro. Cuando esto sucede, la mente de los niños puede formar imágenes mentales adecuadas de los números y de las letras cuando las ve. Si el seguimiento de los ojos de los niños, la convergencia de sus ojos y/o las vías propioceptivas no están completamente desarrolladas o están parcialmente bloqueadas estos niños confundirán letras tales como la “b” y “d” o pueden escribir o leer al revés números como el 2, 3 o 7.
 El sistema propioceptivo puede impactar la vida de los niños en otras formas. Puede afectar la habilidad de los niños para dormir a la hora correcta y/o pueden mantenerlos despiertos durante toda la noche. Para estos niños cerrar sus ojos en la noche les hace sentir que sus cuerpos desaparecen debido a que su mente todavía no ha hecho un mapeo de las conexiones internas hacia sus músculos, articulaciones, tendones y ligamentos. Es por esto que los niños frecuentemente se despiertan durante la noche y buscan el contacto físico con sus papás para poder volverse a dormir. Cuando el sistema propioceptivo de los niños no está todavía completamente desarrollado, ellos querrán acostarse junto a sus padres para recibir una presión externa sobre sus cuerpos que continuamente activen los receptores de presión en su piel y los receptores propioceptivos en sus músculos, articulaciones, tendones y ligamentos, así ellos pueden percibir externamente su cuerpo y por tanto relajarse y volverse a dormir. Esto también provoca que los niños quieran una luz cuando se van adormir; ellos necesitan ser capaces de ver su cuerpo ya que no pueden sentirlo o percibirlo propioceptivamente cuando la luz está apagada.
El sistema propioceptivo se desarrolla y fortalece en los niños teniendo movimientos físicos cortos y largos, especialmente movimientos donde ellos experimenten la presión, utilizando sus dedos, manos, brazos, tronco, piernas y pies. Movimientos como excavar con una pala, empujar una carretilla, cargar la despensa, mover rocas, deshierbar, colgarse del pasamanos, juegos en círculos donde sus manos estén aplaudiendo y sus pies estén marchando, brincando, galopando, saltando, son actividades maravillosas para desarrollar las vías propioceptivas.

Por  Susan R. Johnson, MD

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