Los dientes, su expresión en la vida anímica

septiembre 03, 2017


Conocer al niño en su desarrollo nos dará las pautas para no exponer prematuramente al niño a experiencias inadecuadas a su edad. Una una niñez prolongada es un beneficio de la especie humana, necesario para la autoconsciencia, el ámbito de la cultura, la libertad, y el amor humano fraterno. Educar debe considerar proteger la infancia. Procurar respetar los ritmos de cada niño, y llevarlos a la consonancia con los ritmos de la naturaleza.

Cada niño tiene la necesidad de sentir límites. De alguna forma estos límites lo contienen. Un exceso de permisividad confunde al niño, pues no se siente contenido y se desborda. Pierde capacidad de adaptación. Por otra parte, si los límites no son generados con respeto y calor, el niño puede inhibirse, reprimirse y perder vitalidad.

Durante los primeros años, aproximadamente los primeros siete años, hasta que el niño logra formar la parte más dura de su cuerpo en el esmalte de sus dientes definitivos, todo lo que realiza lo hace por un fuerte deseo de imitación. Toma desde su entorno aquello que lo forma, a través de una imitación profunda. Todo lo que el niño aprende en este periodo lo hace por imitación. Apelar de forma directa a su memoria en esta etapa forzándola, o apelar a la intelectualidad, así como todo adoctrinamiento, se dirige a una parte de él que aún no ha nacido para enfrentarse con ello.
 Recordemos que la aparición (o el nacimiento) del niño es un proceso gradual. Con la dentición definitiva ya tendrá la capacidad de entrenar su memoria por la fantasía y el arte. Con la pubertad ya estará maduro para la intelectualidad y para comenzar a ejercitar su juicio.

La formación de la dentadura, en los tres primeros años de vida, coincide con tres procesos: andar, hablar y pensar. Tres victorias que exigen enormes esfuerzos. No hay nada parecido en los animales; su estructura orgánica le regala, como cualidades innata, sin deber ser aprendidas con enorme esfuerzo. El niño que a los tres años es capaz, con la palabra, de manifestar deseos y sentimientos. Desde el cuarto mes ya inicia la mineralización dental que concluye a los tres años; en ese momento deja de llamarse por su nombre y usa el “yo”.
La boca es la puerta de acceso al interior del ser humano; la boca separa el mundo exterior del mundo interior. Pero, al mismo tiempo, sus funciones no está determinada como en animales: roedores, carnívoros y herbívoros. “El ser humano, al nacer, ya tiene prácticamente terminada la formación ósea de la cabeza, así como los órganos contenidos en ella, por lo que podemos decir que las fuerzas formativas del desarrollo, se concentran en el ámbito cefálico”, señala Sandra Pereyra. “La primera dentición (de leche) le es regalada al niño por la madre mientras que la segunda dentición (definitiva) es una tarea y logro del infante… Nuestros dientes son el producto concentrado de estas fuerzas formativas”. La segunda dentición irrumpe en el segundo septenio.

Una intelectualización precoz, por ejemplo, una prematura escolarización del niño, supondría una sustracción de aquellas fuerzas anímicas antes de que estén disponibles. El resultado es agotar las fuerzas formativas necesarias para su desarrollo, por ejemplo, los procesos de mineralización claves en la formación del diente. El resultado es caries infantil. Las Escuelas Waldorf se aprenden a leer y escribir a partir de los 7 años. Las dificultades en el hábil movimiento brazos y piernas refleja dificultades en los procesos de mineralización que puede ser ayudados con ejercicios corporales (por ejemplo, aprender hacer punto y crochet).

Desde el punto de vista de la ciencia natural, cada diente cumple una función en los procesos de masticación y deglución; en la articulación de fonemas, así como en la apariencia estética de una persona. Sin embargo si ampliamos la mirada en relación al ser humano y tomamos en cuenta aspectos anímico espirituales, podemos ver que los dientes cumplen funciones relacionadas con este ámbito. Dentro de las enfermedades de mayor ocurrencia en el mundo está la caries, la cual es causada por múltiples factores que llevan a la destrucción de los dientes, sin embargo podemos evitar su manifestación tomando las medidas preventivas adecuadas.

Es un proceso rítmico que comienza durante la vida intrauterina y termina alrededor de los 18 años. Comprende las siguientes etapas: formación, mineralización, erupción y maduración. La formación de los dientes temporales, primarios o de leche, depende de la salud, actitud y la alimentación de la madre, en cuyo organismo se desarrollan durante la embriogénesis a partir de la sexta semana de vida intrauterina. La dentadura permanente, comienza a formarse a partir del cuarto mes de vida intaruterina y continúa durante el primer septenio de vida del niño. Es por esta razón que todo lo que ocurra durante esta etapa, tanto en el ámbito físico como anímico espiritual, va a tener una influencia directa en la formación de los dientes definitivos.

La erupción corresponde a la salida de los dientes, que para los dientes temporales comienza aproximadamente entre los 6 a 9 meses de vida del niño, con la aparición del primer incisivo inferior y termina a los 2 y medio años en promedio. La dentadura permanente comienza a aparecer en boca a la edad de 6 años con el Primer Molar Permanente que se ubica por detrás del último molar de leche y culmina con la erupción del Tercer Molar o Muela del Juicio a la edad de 18 años aproximadamente.

De acuerdo a la Antroposofía el cuerpo humano está construido por la intervención conjunta de cuatro principios o fuerzas cualitativamente diferentes. Dado que ellos actúan de un modo complejo, son también denominados cuerpos. El "cuerpo físico" es sólo uno de ellos, es el que se forma según principios ligados al mundo material, es decir es portador de materia, y por lo tanto nosotros lo podemos captar con nuestros sentidos, lo podemos ver y tocar. El "cuerpo etérico", es portador de vida, le confiere vitalidad a la materia.. El "cuerpo astral" torna sensible esa materia viva, por sensibilidad se entiende la capacidad de sentir, de percibir, de tener sensaciones; pero solamente el "Yo" nos permite tener conciencia. Para formarnos una idea viva de estos cuatro cuerpos, el mejor modo es observando su acción.

Cuerpo físico y dientes: el mundo físico aporta sustancias minerales necesarias para la construcción del diente. Sin embargo estos por sí sólos no construyen el diente. Cuerpo etérico y dientes: las fuerzas etéricas determinan la vitalidad de los dientes y de las encías, permiten que un tejido crezca, cicatrice. En las encías ellas actúan intensamente durante toda la vida, mientras que en el diente, después de concluir su formación actúan poco, por lo tanto el esmalte queda con escasa vitalidad. Cuerpo astral y dientes: le otorga sensibilidad al diente, en el esmalte ya no actúa, dónde más se ve su actuación es en la pulpa, lo que comúnmente se conoce como nervio, que tiene una gran sensibilidad. Organización del Yo y dientes: su actuación se ve en la disposición de los dientes, en su desarrollo equilibrado, ninguno predomina sobre otro como es el caso de los animales por ejemplo en los roedores predominan los incisivos. También vemos su influencia en la forma externa del diente y en la mineralización o calcificación del esmalte.

Los dientes temporales son los dientes heredados. El niño durante el primer septenio, debe vencer los procesos de la herencia y comenzar poco a poco a labrar su propio cuerpo. En los primeros siete años funciona la fuerza vital o fuerza constructiva , formando y modelando el cuerpo del niño. De este modo se adquiere la base física sana para toda la vida.

Así se puede comprender que el niño necesita de todas las fuerzas constructivas para lograr su más completa formación orgánica antes del cambio de dientes, cambio con que la misma naturaleza nos indica que ha terminado de formarse la estructura básica del niño. Al concluir la formación de los órganos, estas fuerzas quedan libres para el desarrollo de la conciencia, del pensamiento, así el niño se vuelve un escolar susceptible de ser educado. Existe por lo tanto una íntima relación entre la erupción de los dientes permanentes y las facultades intelectuales del niño.

Cada diente en particular cumple una función anímico espiritual. El Primer Molar Permanente se relaciona con el desarrollo del cerebro y la capacidad pensante. Es el que marca el cambio de dentición a los 6 años de edad. El Inicisivo central permanente, expresa toda la esencia del ser humano, "yo estoy aquí". Y así con cada diente que aparece en la boca. La dentadura permanente o definitiva es una construcción propia del niño, en esta se manifiesta la individualidad de cada ser. Los dientes muestran cómo lo anímico espiritual se vincula con lo físico corpóreo.

La caries es la dolencia más común de la humanidad. Ataca mucho más a los pueblos que consumen alimentos industrializados. Existe una tendencia aumentada en personas que no realizan buena higiene, que tienen una dieta rica en azúcares, en adolescentes y embarazadas. Sin embargo, en la actualidad se puede observar la aparición de caries en los niños a edades cada vez más tempranas, lo cual tiene mucho que ver con lo sucesos acaecidos durante los primeros años de vida. La caries implica una destrucción del esmalte por acción bacteriana. En la boca normalmente viven bacterias las cuales tienen la capacidad de adherirse sobre la superficie de los dientes como parte de su ciclo normal de vida. Cuando se ingieren alimentos, especialmente los azucarados, éstas descomponen los azúcares que contienen dichos alimentos produciendo la liberación de ácidos que debilitan el esmalte que finalmente termina destruyéndose.

En la dentadura temporal la caries tiene más que ver con el entorno que rodea al niño, especialmente con los padres. En este sentido, lo que se manifieste en ellos como caries se debe, por ejemplo, a lo que vive el pequeño en la relación con sus padres, si se siente o no seguro y protegido por ellos. Esto puede afectar la vida anímica de los pequeños, lo cual se puede manifestar en una acidificación de la saliva, recordemos que ella es la que baña los dientes y permite el proceso de maduración como ya se mencionó, el que por lo tanto no podrá efectuarse de manera correcta. En el caso de la dentadura permanente cualquier alteración que ocurra durante el primer septenio puede afectar el desarrollo de los dientes y hacerlos más susceptibles a la caries.

En este sentido la intelectualización temprana tiene un significado muy importante, niños que son estimulados muy tempranamente, ya sea con una escolarización precoz o bien expuestos a estímulos como los medios televisivos o al uso del computador, ven alterada la formación de sus órganos, entre ellos los dientes, debido a que las fuerzas constructivas que debieran estar modelando el organismo son ocupadas en procesos intelectuales antes de lo debido, se produce así un agotamiento de las fuerzas etéricas o vitales. Por lo tanto la estructura de los dientes en formación será más débil, lo que los hará propensos a cariarse.

Durante el segundo septenio la caries responde más a cambios en el ámbito astral, que la saliva se ponga más ácida y espesa perdiendo su capacidad de neutralizar ácidos, es un ejemplo de ello. Las fuerzas etéricas procuran la construcción del cuerpo humano. Para poder apreciar el éxito de su trabajo, tenemos que fijarnos en los dientes definitivos o segunda dentición. Cuando estas fuerzas han llevado su trabajo hasta cierta conclusión, buscan encauzarse hacia nuevas actividades como lo son el aprendizaje y la memoria. Ya se ha hecho referencia a lo que ocurre con la intelectualización precoz. En efecto, el modo o tipo de enseñanza influye en la salud del niño en general. Debería ser la función del hogar y de la escuela, proteger a los niños de los estímulos sensoriales y manipulaciones del aprendizaje prematuros y demasiado intensos.

Fuente: Dra. Ana María Toro Odontóloga Especialista en Odontopediatría U de Chile En formación en Odontología Antroposófica

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