Alimentación del niño en la edad escolar

septiembre 18, 2017



El niño que llega a la edad de aprendizaje escolar está más solicitada por sus órganos nerviosos y sentidos. Debe recibir una alimentación rica en raíces como zanahoria, remolacha, nabo, rabanito y ciertas nueces (especialmente avellanas).

En la edad escolar podemos diferenciar a los niños, de acuerdo con su temperamento, en cuatro tipos fundamentales:

1- El niño colérico – fogoso, fuerte y dominador, osado y hasta agresivo, de andar fuerte y acompasado, que reacciona a las oposiciones y es autosuficiente. Para esos niños la alimentación rica en hojas y tallos es importante; no se le debe dar avena y sí centeno y frutas. También raíces y de preferencia crudas: zanahoria, apio y nabo. Deberán recibir carne y legumbres (arvejas, porotos, lentejas) en poca cantidad.

2- El niño sanguíneo – leve, aéreo, “burbujeante”, distraído, despierto y activo, en general sin paciencia para comer. Esos niños deberán recibir trigo, centeno, harinas, nueces y así mismo carne para que se vuelvan más ligados a la tierra. Los dulces deben ser evitados. Las sustancias amargas son adecuadas.

3- El niño flemático – El niño es indolente, lento, pausado, muchas veces linfático, alegre y satisfecho de sí y de la vida, y tienen mucho interés por la comida. Para esos niños reducimos los hidratos de carbono y las grasas. Los condimentos para ellos deben ser estimulantes. La leche no es muy recomendada pero cuando se le da, debe ser acidificada. Las frutas ácidas y el limón son muy indicados; vegetales principalmente raíces y frutas (menos banana y palta). De los cereales podemos dar avena y arroz sazonado con curry principalmente.

4- El niño melancólico – Terrestre, muy vuelto para sí, de aspecto precoz, pálido y triste, con dificultad de comunicación “sufridor” y soñador. La alimentación de ese niño deberá constar de frutos dulces, miel, cereales (usar bastante avena y cebada), vegetales de hojas, frutos y flores, condimentos, un poco de carne blanca, dieta mixta y estimulante. Una alimentación pesada no le hará bien.

Si el temperamento es muy unilateral, podemos ayudar a equilibrarlo a través de la alimentación.
En la edad escolar debemos principalmente tener en cuenta el ritmo de la alimentación, pues en el segundo septenio (de los 7 a los 14 años) todo se arraiga profundamente en el ser, tanto las buenas como las malas costumbres alimentarias. Es esencial implantar un ritmo sano para el resto de la vida; también el ritmo del hígado/vesícula debe ser respetado.
En la fase secretoria de la vesícula, que se inicia a las 3 hs. de la madrugada y termina a las 15 hs., pueden ser ingeridos alimentos grasos y en el almuerzo, que precede a la fase anabólica del hígado, pueden ser ingeridos alimentos más dulces.

Como en la fase de los 7 a los 14 años los sistemas rítmicos del organismo se armonizan, debemos tener una alimentación rica en hojas y tallos. Aquí la grasa existente en las hojas también desempeña un papel cualitativo. El magnesio de las hojas actúa sobre la armonía del corazón.
Todos los cereales son ricos en magnesio. El trigo, el centeno y la cebada fortifican el corazón y el pulmón. También en la edad escolar tenemos que tener en consideración el siguiente hecho: nuestro cerebro es muy sensible a la falta de sangre. El azúcar es esencial para la actividad cerebral. Una hipoglucemia lleva a perturbaciones de la conciencia, provocando hasta el schok con desmayo. El metabolismo del azúcar está regulado por la vitamina B1. El cereal forma azúcar al germinar y durante la digestión. La mejor fuente de azúcar cerebral son los cereales integrales, pues contienen la tan necesaria vitamina B1, además de los hidratos de carbono transformados en azúcares por la digestión. El es la vitamina del sistema nervioso.
Alimentando a los estudiantes con harina blanca y azúcar, sin vitamina B1, vamos a observar falta de concentración y nerviosismo. Casi el 70% de los niños sufren de falta de vitamina B1 y, consecuentemente, de la hipoglucemia cerebral.

La causa de esto es, frecuentemente, la falta de un desayuno y de una merienda adecuada. El rendimiento escolar cae. ¿Cómo corregir esto? Dosis de azúcar, dulces, caramelos y helados no resuelven la situación, por el contrario, la empeoran, pues una elevación rápida del tenor de azúcar en la sangre da una brusca baja posterior y el cansancio y la dificultad de concentración aumentan. ¿Cuál sería entonces la merienda ideal? Raíces, principalmente zanahoria (que contiene azúcar) además de pan integral (el grano permanece con la cantidad de vitamina B1 ).

Las proteínas del sistema nervioso son muy inestables y ligadas a los minerales, especialmente el hierro. El mediador entre el espíritu y la materia es el fósforo, a nivel del sistema nervioso. Las proteínas que nutren al sistema nervioso deben estar ligadas al hierro y al fósforo, y ambos están en los cereales. Por lo tanto, realmente, los cereales integrales y, especialmente los de abono biodinámico (donde hay una mayor tasa de proteínas) son los mejores alimentos para el niño en edad escolar, ayudándolo a concentrarse. Todavía hay que mencionar a las frutas secas, especialmente a la avellana, que son óptimos alimentos para el cerebro.

Al llegar a la pubertad vamos a tener poca influencia sobre la alimentación del joven. El apetito aumenta a veces exageradamente, necesitando que se refrene para no desarrollar una obesidad. Chocolate, alcohol y exceso de huevos deberán ser evitados para no aumentar el acné juvenil. La alimentación se debe mantener lo más integral posible, aunque la influencia de los padres se vuelva cada vez más difícil. Pero el joven que recibió desde pequeño una alimentación integral, aunque la abandone por algunos años, después de algún tiempo volverá a ella por necesidad y convicción propia. Por otra parte, los adolescentes que buscan una alimentación más natural, o así mismo vegetariana, deben ser respetados. Muchas veces ellos consiguen loables reformas alimentarias en al familia.

En la pubertad los órganos metabólicos, reproductores y el sistema locomotor se desenvuelven. Los cereales (germen y proteína) son muy importantes, no por la cantidad, sino por la cualidad. Los frutos también son importantes. En la pubertad aparece frecuentemente el problema de la aceleración: un desenvolvimiento corpóreo grande sin el desenvolvimiento psíquico que acompañe al individuo. El consumo elevado de carne puede llevar a esto. El hierro es el polo frenador de la proteína. El ayuda a mantener al cuerpo en sus límites. El hierro es el elemento de la acción, por lo tanto es necesario en la época de la pubertad. Nuevamente, aquí el pan negro contiene siete veces más hierro que el pan blanco. Las frutas secas y hojas verdes ricas en hierro y también las leguminosas son adecuadas en esa fase.

No es necesario mencionar que todas las conservas, enlatados y alimentos frizados están contraindicados en el menú del niño. Si se le quiere dar una alimentación que contenga carne, que ésta sea fresca y natural. En cualquier conserva, así mismo el yogur, que no está preparado en casa, encontramos conservantes, colorantes, endulzantes artificiales, derivados químicos y tóxicos, que son, según el profesor Bauer, “productos a los cuales nuestro organismo no se adaptó en su evolución milenaria” y que el hígado no es capaz de desintoxicar, permaneciendo como islas extrañas en nuestro organismo capaces de desencadenar procesos cancerosos.
Al introducir gradualmente la alimentación para el niño que se vuelve cada vez más terrestre y despierto en su conciencia, tenemos un paralelismo, casi como una repetición de la historia de la alimentación de la humanidad.

extraído de http://casawaldorf.com

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