El niño interior herido desde la Descodificación Biológica

diciembre 07, 2020

 


Nuestro niño interior es nuestro ser verdadero, la versión más auténtica de nosotros mismos. Con el tiempo, hemos ido cubriéndolo de máscaras y vestiduras, para que no se vea. Para que nadie lo descubra. Y a larga, quizá, nos hemos olvidado de él.

Sin embargo, está allí dentro nuestro, y puede estar herido sin que nos demos cuenta. En general, un niño interior herido ha sentido una pérdida o una falta en la infancia, y no la ha podido recuperar.

El niño interior es un concepto nacido de la terapia gestalt. Para la gestalt, el niño interior es la estructura psicológica más vulnerable y sensible de nuestro “yo”. Se forma fundamentalmente a partir de las experiencias, tanto positivas como negativas, que tenemos durante los primeros años de la infancia. Dependiendo del tipo de experiencias y de cómo las interiorizamos, el niño interior puede ser una “personita” alegre, optimista y sensible o por el contrario, alguien temeroso de la vida, enfurruñado e irascible.

La Descodificación Biológica, entendida como terapia integrativa y complementaria, acompaña al consultante a encontrar el origen, ese trauma reprimido que quedó codificado en el cuerpo, en la biología de la persona. Allí quedó anclado nuestro niño con su herida, esa necesidad sin cubrir, en una situación inesperada, dramática, vivida en soledad interior, sin poder nombrar el impacto que tuvo esta vivencia en el cuerpo y sin poder hablar de lo sentido interiormente, de la captación psicológica y emocional.

De niños vivenciamos cualquier situación con una intensidad de “altas profundidades”, considerando que las herramientas y recursos emocionales no están del todo disponibles para resolver. Entonces, si el niño no lo hace, ¿quién?  Lo hace su propio organismo. El cuerpo acude a ayudar a ese niño en esa vivencia dolorosa para él, para su supervivencia, función principal del cerebro primitivo.

Esa experiencia traumática no solo queda anclada en el inconsciente del individuo sino también en sus células, y el niño queda allí como congelado en su dolor. Ese niño interior herido se encuentra solo y regresa casi a diario, con la intención de ser visto, escuchado sin juzgar y abrazado por su propio adulto de amor, quien será su referente y el encargado de cubrir aquella necesidad pendiente.

Durante la sesión de descodificación biológica y el análisis de ese niño interior herido que algunas personas llevan en su interior, promuevo ese encuentro único y particular en el mundo del consultante, quien, al cierre de la consulta ya tomó el mando y se hizo cargo de su niño interior, liberándolo y así permitiendo su crecimiento e integración.

Suelo sentir y nombrar que los terapeutas en descodificación biológica somos “los traductores del idioma del cuerpo”, el cual nos cuenta cómo el consultante vivió lo que vivió, qué le pasó con ello, y allí vamos en busca de esas sensaciones corporales, sin evitarlas, hasta sentir el alivio merecido.

El protagonista de la transformación es el adulto de amor, que llega con su síntoma, molestia, malestar o conflicto de cualquier tipo: cotidiano, de repetición, físico, comportamental, filosófico existencial, etc. En todos ellos está allí solito el niño interior con su herida esperando a ser rescatado. Esa herida “a curar, sanar, simbolizar, vaciar, hacer consciente, etc.” se manifiesta a diario. Lo hace de muchas y variadas maneras intentando mostrar su herida y su necesidad, lo que le duele y lo que le pide a su adulto.

Lo que él hace es manifestarse a su manera, buscando una solución, pidiendo cubrir eso que le faltó.


¿Y qué fue lo que le faltó?


Todo y de todo, pero cada niño tuvo una carencia particular y cada niño es parte del interior de la persona: el niño con herida de abandono, el niño con herida de amor, el niño con herida de falta de información, falta de identidad, de la pérdida, la herida del rechazo, herida de la injusticia, herida de agresión, herida de falta de contacto, herida de falta de comunicación, herida de miedo por detrás, herida de abusos, herida de falta total de referentes, herida de carencia de alegría, alimento real y/o emocional.


A través del proceso en descodificación biológica, el consultante trasciende la herida y ese viejo código de dolor se reemplaza por el nuevo código. Es muy particular y personal, es el recurso propio. 


Claudia Scarinci

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